Soledad Montaner Huercio

Nace en Ribarroja en 1961, en una familia de izquierdas y se traslada a Sagunto. Estudia el Graduado Escolar y rechaza entrar en Renfe como hija de ferroviario. Lo hará en un almacén de cítricos donde comienza su actividad sindical. Se implica como delegada a partir de 1986 y va asumiendo responsabilidades orgánicas, primero en la Federación del Campo de Castellón, hasta que es nombrada Secretaria General al crearse la Federación Agroalimentaria del PV.

Testimonio recogido y comentado por Carmen Peinado en 2004.

Soledad Montaner nace en Ribarroja en 1961. Aunque de padres valencianos, se confiesa castellano-parlante. La influencia de la madre nacida en la zona del interior y la imposición en el colegio de expresarse en castellano, hicieron que fuera esta lengua su vehículo de comunicación. Aunque nace en Ribarroja, será en Sagunto donde transcurra el mayor tiempo de su vida.

Soy de Ribarroja per naiximent y saguntina por casualidad. A los ocho años nos trasladamos a Sagunto. En concreto nos trasladamos allí porque mi padre trabaja en Renfe. Él tuvo un año de excedencia y al volver al trabajo fue cuando le dieron a elegir varios destinos. Entonces, pues me traslado a Sagunto, también un pueblo eminentemente valenciano, pero más castellano que valenciano a la hora del lenguaje. Recuerdo mucho lo que es la llegada al pueblo, ¿no? Lo que es el hecho de volver a hacer amigos, el estar acostumbrada a vivir en un pueblo, en una planta baja con espacios abiertos, a meterme en una finca de ocho pisos que además era como una colmena, donde además no había ni balcones y me encuentro como muy ahogada al principio. Pero bueno, eso fuel on los primeros días y luego con mucha normalidad.

La familia tiene dos hijos. El hermano, dos años mayor que ella, es disminuido físico y psíquico, la relación con él es de un intenso amor, Sole confiesa adoración por su hermano. El hecho de convivir con una persona con problemas, lejos de amedrentarla, supuso para Sole la consolidación del fuerte carácter que hoy posee y que sin duda se gestó en esta etapa de su infancia, cuando la incomprensión de algunas personas ya se hacía manifiesta.

Mi hermano es minusválido físico y psíquico, al cual yo adoro, es como un osito de peluche, como un gran osito de peluche al que yo quiero muchísimo y que además he protegido desde pequeña, porque […] como los nanos suelen ser muy crueles. Eso es otro recuerdo de mi niñez, los niños suelen ser muy crueles, pues parece que a los más débiles pues es a los que más atacan. Yo era desde pequeña la defensora de mi hermano, la que se pegaba con todos los niños de la calle. Recuerdo que una vez me dieron con una piedra en la frente, me quedé sin conocimiento, mi madre dice que desde ese momento yo no he sido normal. No sé si tendrá razón o no pero la verdad es que yo solía darme tortas con los niños de la calle fundamentalmente por cuidar de él.

La economía familiar era como tantas otras de la época, sin carencias pero con limitaciones, sustentada con el sueldo del padre ferroviario y el de la madre que trabajaba temporalmente en un almacén de cítricos. Las ausencias de la madre suponían para Sole un cierto desasosiego y tristeza.

Recuerdo los días que trabajaba mi madre como más alicaídos. Sin embargo, cuando estaba en casa parecía que había más sol, más alegría. Es un recuerdo como muy nítido. Aunque yo era muy pequeña, eso lo recuerdo con bastante claridad.

Del colegio recuerda con cierto sarcasmo el nombre que tenía, Los Mártires, aunque era público y laico. La ortodoxia franquista estaba aún latente en todas sus manifestaciones en temas de educación: «Nos hacían rezar todas las mañanas, todos los medios días y cantar el Cara al Sol’ cada vez que entrábamos por la mañana, y en mayo lo de las flores a María y todo ese tipo de cosas».

Con respecto a la ideología de la familia, es predominantemente de izquierdas, por parte de la madre toda y; en la del padre, Sole recuerda con cierta ironía la situación que se daba en casa de los abuelos paternos.

La familia de mi padre tenía una connotación simpática. Mi abuelo paterno era republicano y mi abuela era de derechas y franquista de toda la vida, era de las de misa diaria y de las de comunión. Yo siempre lo decía de pequeñita, yo decía: «la abuela no me junta». Mi abuela no comulgaba nunca conmigo porque yo he sido siempre bastante borde y además no me gustaba ir a la iglesia, ni me gustaban ciertos hábitos que ella tenía. A pesar de estas diferencias entre mis abuelos, aquel matrimonio funcionó y yo me he preguntado muchas veces cómo llegaron a casarse y durar juntos.

Aunque reconoce un ambiente relativamente abierto en las relaciones con sus padres, «no eran excesivamente estrictos», sí se dejaban llevar por los roles establecidos, seguían operando en casa los cánones de la época. La sociedad marcaba mucho y las niñas eran las más perjudicadas. Había cosas que una niña no debía decir ni hacer, porque una cosa es la liberttad en el tema político dentro de casa y otra cosa es la libertad de la mujer, que aunque algunas veces va relacionado no siempre va unido.

Yo recuerdo a mis padres muy cariñosos, no excesivamente estrictos, pero indudablemente estaban influenciados por los cánones de la época y sobre todo mi padre. Yo con mi padre he tenido muchas broncas sobre todo en la época de la adolescencia. No había comida que no tuviéramos una bronca, porque ademas no compartíamos nada. Llegamos a un punto, al punto del enfrentamiento, de tú blanco y yo negro. Aunque en algunos casos ambos estuviéramos de acuerdo en que aquello fuera gris, pues no me daba la gana, o sea, es que no tenía que llegar a un punto de encuentro con mi padre porque no quería. Con mi madre había más entendimiento, quizás por ser mujer y comprender mas las cosas.

En plena adolescencia se enamora locamente y decide abandonar los estudios (había terminado Graduado Escolar), así como rechazar la oportunidad de entrar en Rente por ser hija de Ferroviario. Las convicciones de Sole eran muy claras a esa temprana edad.

Mi padre me decía: «Puedes ingresar y aquí puedes hacer un carrerón”. Yo me llegue. Yo me acuerdo qui me negué rotundamente porque yo decía que ni era justo ni era digno para quien entrara así, no me parecía correcto. Mi padre me lo ha recordado muchas veces y me ha dicho: «Hay que ver lo idiota que eres capaz de llegar a ser”. Pues a lo mejor si, no lo sé, pero no me arrepiento en absoluto. Como mi familia no iba boyante económicamente hablando, no había demasiadas posibilidades para estudiar, y yo además, entre lo enamorada que estaba y que no quería perder tiempo, opté por ponerme a trabajar. Empiezo o a trabajar con16 años y, como no podía ser de otra manera. entro a trabajar en un almacén de cítricos, de Pascual Hermanos.

Soledad vivirá una juventud marcada por un gran momento histórico, la Transición. Consciente de ello, muchas veces se veía alejada del entorno de amistades que frecuentaba en aquella época, muchos de estos amigos no la comprendían.

Yo era muy consciente del momento que estábamos viviendo. Y lo soy por mi familia y concretamente mas por mi abuela. Mi abuela, habitado vivido incluso en una época anterior, tenía mucha más implicación. Un hermano de mi abuela fue quien realmente me estuvo hablando de muchísimas historias que había vivido, de la época de la guerra. […] Me había contado cosas muy concretas, sufrimientos, penalidades etcétera, y esas cosas calan. Esa época [se refiere a los años de la Transición) yo la recuerdo como esperando algo que iba a pasar. Yo se lo contaba a los amigos y mis amigos no me entendían en absoluto, no me entendían nada. Cuando yo realmente me implico es el día, además lo recuerdo perfectamente, el día que muere Franco, o que nos dicen que muere Franco, que yo voy a trabajar, por la mañana, y cuando vamos a llegar al centro de trabajo nos paran y nos dicen: «Volveros a casa, que hoy no se trabaja». «¿Y eso por qué?» «Es que ha muerto Franco». Y yo me acuerdo que digo: «¿Y qué?» «No, no, es que es luto nacional». Pues estupendo, o sea, me voy a mi casa, perfecto, encantada de la vida, se ha muerto Franco, de puta madre.

Solé vivió este día no como una jornada de fiesta, sino como un gran día. Aunque no era muy consciente de la trascendencia que este hecho pudiera tener en el posterior desarrollo de la situación política de este país, sí era consciente que eran muchos los que estaban esperando este momento, entre los cuales ella se incluía. Del ambiente de trabajo tiene recuerdos muy gratos. Recuerda una gran camaradería y complicidad entre las compañeras, la plantilla era mayoritariamente femenina. Los campaneros hacían tareas distintas y apenas se cruzaban sus relaciones. En cuanto a la jerarquía existente dentro de la empresa, eran los hombres los que ocupaban los puestos de más categoría y percibían sueldos más altos. Estas diferencias provocaban en Sole una gran rebeldía.

Aunque estaba muy a gusto con mis compañeras, yo con el trabajo no estaba contenta, no podía estar contenta de ninguna manera, entre otras cosas porque cobraba menos que los chicos y era algo que me jorobaba mucho desde que yo era muy jovencita.

Una de sus reivindicaciones más tempranas ha sido la equiparación de categorías. El trabajo de las mujeres siempre se ha calificado como trabajo no cualificado, lo cual ella no comparte en absoluto, porque siempre ha defendido hasta este último convenio, que se ha conseguido, la equiparación salarial. Su afiliación a CCOO es prácticamente paralela al inicio de su actividad laboral. Aunque no recuerda quién la introduce en el sindicato, sí recuerda que fue al poco tiempo de empezar a trabajar.

Tardaría un año en afiliarme. Una campaña y a la siguiente me afilié a CCOO, en la propia época de la Transición, o sea, yo recuerdo el 23-F con mucha claridad, incluso quema de carnés en alguno de los casos. Entonces había un comité de empresa en aquella época light; bastante light: Alguien me habla, no recuerdo muy bien quién, y me afilio a CCOO. Empezó un grupo de gente a lo que es intentar organizarnos y todo eso.

De esta época recuerda unas relaciones laborales muy duras en los almacenes de naranja, a merced de la buena o mala voluntad del empresario y sometidas a un frecuente maltrato por parte de los encargados.

El discurso de la mayoría de empresarios era: «¡Esto es mi casa y en mi casa mando yo!» y «¡Bueno!, a santo de que tú vienes a decirme a mí lo que yo tengo que hacer?» Existía jornada laboral desregulada, no se pagaba antigüedad, o sea, venía quien yo (el empresario) quería, cuando yo quería y de la manera que quería. Lo más fuerte que yo recuerdo de todo era el trato a las personas. Aquello era un escándalo, además me molestaba más que nada el trato que daban las mujeres a las propias mujeres. Las encargadas de sección o las encargadas generales, teníamos dos, una que era de la tria’ (selección) y otra la del encajado, aquello era bestial. Los mayores conflictos laborales yo los he tenido con el gerente, los he tenido precisamente por el trato que se daba a las personas. Yo, el segundo día que entré, el encargado general me puso de imbécil y de idiota, pero a grito pelado… Además luego me contaron que su mayor pasión era hacer llora a las novatas. A mi no solo me hizo llorar sino que encima a mí me dijo: “L’any que ve no vindràs”. Y yo le digo. “Por qué?” “Perquè jo ho dic”. Y yo le contesté: “pues ha pasado un carro”. Yo le contesté. No podía consentir que me gritara así.

Era el mayor conflicto laboral, porque los otros, de una manera u otra, pues bueno, costó tres años sacar los quinquenios, el cobrar la antigüedad, pero lo ganamos en Castellón y luego lo ganamos en el Tribunal Central de Trabajo. Al final lo cobramos, costó pero lo cobramos.

En el año 89 hubo una huelga bestial. Diez días de huelga en los cuales yo dormí 20 horas. Hoy no lo podría hacer. Soy mucho mayor. Estoy hablando del año 89. Fue impresionante porque fue el año que se planteó la contratación de los collidors por primera vez en la historia, o sea lo que es ir regulados con su contrato de fijo discontinuo y además el convenio de ámbito de Comunidad. Después del [convenio del] 86, que había firmado UGT y no pudo ser, lo había firmado en solitario, en el año 89 lo volvemos a plantear y fueron diez días de huelga bestiales. Pero esta vez convocamos CCOO y UGT y llegamos juntos al final con un resultado excelente, fue además el convenio histórico en este sector.

Su implicación mayor en el sindicato es a partir de 1986, cuando se presenta como delegada y sale elegida en el Comité de Empresa, junto con 16 compañeros más, de cuales cinco son mujeres.

Sí, éramos cinco chicas en el comité de empresa, a las cuales nos abrieron un expediente al mes de haber salido delegadas, al mes exacto nos abrieron un expediente y a los chicos no. Claro, es que fuimos las únicas que nos atrevimos a repartir propaganda de CCOO, panfletos, historias, dentro del centro de trabajo, algo a lo que no estaba acostumbrada la empresa en absoluto y lo que hicieron fue inmediatamente abrirnos un expediente, expediente que ganamos en el juzgado y a partir de ahí empezamos a crear ese clima de confianza… A partir de ahí los chicos desaparecieron del comité, o sea, estaban pero la gente en quien tenía confianza, incluso los hombres, era con nosotras, con las cinco mujeres.

Esta militancia sindical precede en su caso al compromiso político, compromiso que arranca desde lo social, nace de unas perspectivas de cambio para la situación de su pueblo, donde ve en suma una proyección en sus inquietudes de igualdad y solidaridad para con los más desfavorecidos.

Llega un momento en el que me doy cuenta que sindicalmente puedo realizar un trabajo, pero que políticamente se pueden hacer también muchas cosas… En aquella época sí que estaba el PCE dentro de lo que era la coalición de Izquierda Unida. Bueno, pues habíamos un grupo de gente interesante en Sagunto, donde se podían hacer algunas cosas, por lo que era el colectivo, por lo que era el pueblo, y entré a formar parte de esta coalición.

Tras cuatro años de permanencia en Izquierda Unida y después de figurar incluso en las listas electorales para el Ayuntamiento de Sagunto, Sole decide abandonar la militancia política. Los conflictos internos serán el desencadenante de esta decisión.

Los enfrentamientos internos, aparte de estériles, eran estúpidos. Yo me planteo en esos momentos que, para perder el tiempo, lo pierdo en mí casa. Me pareció lamentable porque además hubo mucha gente válida que se perdió por el camino.

Consciente y receptora de una misoginia latente en todos los ámbitos sociales, incluido algún sector del sindicato, Sole confiesa no haber tenido grandes problemas en sus relaciones con los compañeros de sindicato, sobre todo en sus inicios y su sector, donde encontró una comprensión inusitada para la época. Además insiste que gran parte de este apoyo lo debe a grandes compañeros como fueron Juan Losilla y Lluís Molina, que siempre la comprendieron y escucharon, aunque no compartieran todas sus ideas.

Sin embargo, nunca ha eludido su implicación en toda lucha por la igualdad de las mujeres dentro del sindicato. El tema de la paridad sigue latente y reconoce que no hay que bajar la guardia en la persecución de este derecho.

Sole reconoce que se han subsanado muchos errores cometidos por los compañeros y admite que un gran paso para estos logros fue la creación de la Secretaría de la Mujer, consciente de que para muchos y muchas compañeras del sindicato, fue una manifestación más de la práctica de crear un espacio de cuota, un pretexto para que las mujeres tuvieran un lugar donde manifestar sus quejas. También opina que fue una cantera de mujeres muy válidas que aún hoy muchas siguen ahí, dispuestas a demostrar que son algo más que ese apéndice olvidado y decorativo que muchos compañeros quisieron ver.

Yo creo que la Secretaría de la Mujer, con independencia de lo que piensan los chicos de la casa, que piensan que no sirve de nada, ha sido válida. Si no hubiera existido la Secretaría de la Mujer y no hubieran existido las mujeres, que además nos hemos hecho tremendamente pesadas para conseguir ciertas cosas, lo que tenemos hoy no lo tendríamos. Y no lo tendríamos pues porque a los hombres no se les ocurre, es que hay cosas que los hombres ni las ven.

Como tantas mujeres de su tiempo, que tienen que compaginar trabajo y vida familiar, Sole pasó por fases en su vida en que llegó incluso a cuestionarse su dedicación como madre. Separada cuando su hila tenía cuatro anos y con una militancia cada vez más comprometida, el poco tiempo que dedicaba a su hija Ie hacían sentir un cierto malestar.

Yo me separo en el 86, cuando mi hija tiene 4 años. En ese momento ya estaba metida en estas historias y al principio lo llevo muy mal. Al principio recuerdo a mi niña que me decía: «Mama, vuelve a trabajar en el almacén en porque ahora no le veo». Yo la verdad es que en esos momentos lo pasé muy mal, porque la cría me echaba mucho de menos, le dedicaba ‘mucho menos tiempo que le había dedicado con anterioridad. En cambio ahora a la vuelta, Zaira, que tiene 20 años, y es… es precioso que te diga: «No quiero otra madre que no seas tu». Eso compensa todo lo pasado.

Sole confiesa ser una mujer atrevida, que se mueve por convicciones y a la cual no le asusta asumir riesgos en la vida. Prueba de ello es el recuerdo que tiene de su primer mitin. El resultado de este acto supuso su incorporación en plantilla a CCOO.

Fue en la huelga del 14D [diciembre de 1988]. Yo es la primera vez que me tengo que tirar al toro, así, en solitario, porque había que parar. Había que parar no solamente el centro de trabajo, sino que ademas había que parar el pueblo en general. Pues bueno, dicen que aquí la única que tiene ‘morro’ suficiente para subirse arriba de un montón de palés y hablar con el personal, pues que es Sole y a Sole le toca. Entonces, pues bueno, sale muy bien y me descubren en esa época dos personas de la Federación, entonces antigua Federación del Campo, que son Bernat Albentosa, que ahora mismo es un compañero que está en transportes, y Miralles, que ahora está en FECOMA. Me descubren en Hurriana, empiezan a hablar conmigo, me introducen en lo que era el Sindicato Comarcal y acto seguido, ese año, para septiembre, para repartir propaganda y controlar a los vendimiadores que se iban a Francia, me hacen un primer contrato de un mes. Con posterioridad me van haciendo contratos. Entonces ya cuando dicen: «Pues bueno, esta chica puede dar juego>, me sueltan en Castellón. Me dicen «¿Tú te quieres hacer cargo de la provincia?» Aquello era un solar, allí no había absolutamente nada, allí sueltan a Sole y yo, que tengo la cara más dura que el cemento armao, y además tengo «más moral que el Alcoyano», digo: «Pues venga». Y me quedo en Castellón y empiezo a trabajar allí; y a partir de ahí es cuando pido una excedencia sindical en mi empresa y me pongo a trabajar para el sindicato.

Será en la década de los noventa cuando su militancia sindical se materialice en cargos de responsabilidad. En un principio entra en la comisión ejecutiva de la antigua Federación del Campo, como representante de la zona de Castellón. Posteriormente y debido a la baja de una compañera la trasladan a Valencia, donde se hará cargo en un principio de la Secretaría de la Mujer y más tarde de Formación.

Yo he llevado lo que es acción sinclinal, Iuego lo que es la Secretaría de la Mujer, que tiene mucho de acción sindical también, y luego llevé durante dos años la parcela de Formación.

Fue partícipe del procedimiento de fusión de la Federación del Campo con la Federación de Alimentación. Recuerda las dificultades surgidas en los inicios de esa fusión, siendo precursora Valencia a modo de experimento de esta unión.

En el 98, vamos a ver, estaba planteada la fusión de la Federación de Alimentación y (la Federación] del Campo para el año 2000. No obstante, hacer un experimento y le toca a Valencia, a ver cómo funciona y, en tunción cómo se desarrollen los hechos, pues el resto lo hacemos o no. Aquí se fusionó en el 98 y los dos primeros años son complicados, son complicados porque somos dos estructuras muy parecidas en algunas cosas y absolutamente diferentes en otras. Además, tenía que haber una serie de acoples, entre el personal, los caracteres, la forma de trabajar, etc. Posteriormente, en el 2000 se fusionó completamente toda la Federación a nivel estatal y surge la Federación Agroalimentaria. En ese momento une eligen Secretaria General.

Ante las cuestiones de si desde este puesto destacado una mujer, dirigiendo una Secretaría General de una Federación, ha impulsado los temas de igualdad y si se nota la impronta de una mujer dirigiendo la Federación, Sole nos confiesa:

Yo creo que sí. Probablemente no todo lo que yo hubiera deseado, porque bueno, no es fácil dirigir una organización. Pero sí se han integrado a trabajar dentro del equipo bastantes mujeres, creo que con muy buen resultado. Además, creo en la importancia de la savia femenina, que es como muy generadora de ideas. Dentro de un grupo donde hay muchos chicos que piensan que son lo mas de lo más, ahí estamos dispuestas a permanecer por mucho tiempo.

Soledad sigue hoy con su compromiso sindical y abierta a nuevos retos, sin perder un ápice del entusiasmo inicial. Aunque admite que esto del sindicalismo no es en absoluto un chollo, son muchas horas de trabajo y muchas renuncias, ella no sabría vivir de otra manera. El sindicato es su vida y a el agradece la persona que hoy es.

CARMEN PEINADO (2004)

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