Mari Luz Ochoa Hernández

Nace en Valencia en 1956. su madre ejerce la prostitución y es adoptada por una familia. Cursa estudios primarios y pronto entra a trabajar a los 16 años en Lladró. Se presenta como enlace del sindicato Vertical a propuesta de la empresa, pero poco a poco irá tomando conciencia y se acerca a CCOO, en cuyas listas es elegida delegada. En la organización ocupa la Secretaria de la Mujer de la Federación de Construcción y Madera (FECOMA) durante varios mandatos. También simpatiza con el PCE e incluso forma parte de candidaturas municipales de EUPV. Ha luchado por mejorar las condiciones de trabajo y de vida de las trabajadoras de la construcción y la madera, salvando la condescendencia y cierto paternalismo hacia las jóvenes obreras de los compañeros sindicalistas.

Testimonio recogido y comentado por Juan Pradells en 2004.

La infancia de Mari Luz no puede ser considerada dentro de los parámetros de aquello que canónicamente podría considerarse dentro de una cierta ‘normalidad’. Sus recuerdos compaginan la existencia de una madre biológica que sitúa en un mundo sórdido, con la de sus ‘otros’ padres, los adoptivos de hecho que no de derecho.

Nací el 23 de junio de 1956, y nací aquí en Valencia, en la calle Tránsits, donde está el hotel Astoria, muy famoso anteriormente, […] y yo desciendo de una prostituta. […] Esta mujer viene del Sur y conoce a una serie de personas que no tienen hijos, que son mayores, que se han casado mayores y entonces se pone allí, a vivir con ellos. Se dedica a la prostitución y entonces se queda embarazada. Una de las veces que se queda embarazada pues le dicen que no aborte y que tenga a ese niño o a esa niña y, vamos, ella decide tenerlo. […] Entonces me acoge ese matrimonio que estaba viviendo con ella y que son mayores, que no tienen hijos. Previamente, […] el hombre se había casado y tenía dos hijas, que también eran mayores. La mujer muere [y] entonces se casa con la mujer, esa mujer no tiene familia, […] son los que deciden acogerme.

Son sus padres de acogida el principal referente para su vida familiar. De extracción social humilde y sin ningún tipo de estudios, Mari Luz reconoce, muy especialmente en su madre adoptiva, una inteligencia innata para ganarse la vida, para defender a su hija. El domicilio familiar era una especie de fonda, atendida por esta mujer, que alquilaba habitaciones: «alquilaban a mi madre natural y a mucha gente, sobre todo mujeres». En otro extremo está su ‘otra’ madre. Sobre ella manifiesta:

…ella, mentalmente, piensa que me ha tenido, que me va a poder criar. Ellos le dicen que no hay ningún problema, que me críe. Pero claro, lamentablemente no me puede criar. Ella se dedica a la prostitución y llega con mucho alcohol en el cuerpo. No tiene leche para darme y entonces las personas que me acogen -que son realmente para mí mis padres, porque para mí han sido mis padres, han muerto ya, pero han sido mis padres-, mi madre se las ingenia. Una mujer que viene de Cuenca, de un pueblo, pero que ha estado en Madrid sirviendo. Una persona muy viva y muy inteligente, aunque no tiene estudios, pues se las ingenia para ir a la farmacia y decirle al farmacéutico: «Mira, tenemos este problema, me tienes que dar leche. De hecho me tienes que dar cosas porque ella… no puede darle, quiere darle pero no puede, y entonces… yo tengo que alimentarla. […] Ella que dé lo que pueda, pero que sepas […] que la voy a alimentar».

Entre esas tres personas adultas transcurre su infancia. Con una madre biológica que, según sus recuerdos, se desentiende de su educación aunque siga estando presente y pagando las facturas del colegio; y con sus otros padres que, ante el miedo a perder la custodia de su bien ganada hija, deciden cuando esta cumple ocho años matricularla en un colegio de monjas. Consideran que es una buena forma de apartarla de un ambiente que no consideran adecuado para la niña. Como recuerda Mari Luz:

…mi madre natural decide irse a Madrid. […] Ella sigue pagando los colegios, ella accede a pagar el colegio donde estuviera. Pero transcurridos unos años pues la meten en la cárcel, […] la meten muchas veces en la cárcel. […] Mi madre tiene que ir a Madrid a pagar y sacar. […] No se aparta, me manda regalos, me manda dinero, me dice que vaya, me pone el avión, pero realmente quien tiene la responsabilidad sobre mí […] son mis padres. Y ella, pero… siempre ha estado ahí.

Su padre, conductor de autobuses de cercanías, de la línea que unía Puzol con Valencia, muere coincidiendo con la pubertad de Mari Luz. En ese momento, a sus trece años, las dos mujeres trasladan el domicilio familiar a un pueblo de L’Horta Nord. Este cambio en sus circunstancias personales es aprovechado por la muchacha para abandonar los estudios en segundo de bachiller. Nunca sintió una gran atracción por estas actividades formativas, del inicial colegio religioso no quiere ni siquiera dar el nombre. Cuando a estas alturas su madre le propone inscribirla en alguna academia, muy en boga por aquellos años, para que inicie algún aprendizaje administrativo, también se niega: «…a mí no me gustaba estudiar, me gusta leer pero lo que a mí me gusta y nada más, y aprender lo que yo quiero».

En 1972, cuando tiene ya dieciséis años, su madre le propone, utilizando la influencia de un conocido, que pase una entrevista para trabajar en una empresa de porcelana ubicada en Tavernes Blanques. Se trata de la fábrica de Lladró Dolz, la más antigua del Grupo Lladró, que actualmente ya ha desaparecido. Para el ingreso solo se requería el certificado de estudios primarios. Mari Luz acepta encantada: «Pues sí, pues prefiero trabajar, porque es una perdida de tiempo el estar por ahí bambando y no me va a traer nada positivo».

Pasada la prueba de la entrevista pasa a integrarse en la que era conocida como ‘fábrica vieja’, con otras seiscientas o setecientas personas. La mano de obra femenina es abrumadoramente mayoritaria. El proceso inicial de aprendizaje en la sección ‘Pin-tador; que es en la que comienza Marí Luz, es sencillo:

…estamos unos meses yendo unas horas a dibujar. […] Te daban un dibujo, imagino que tenías que hacerlo, no perfecto, ni muchísimo menos, pero más o menos pues hacerlo un poquito similar al otro, y una vez transcurrían esos meses te decían si estabas apta para entrar en la empresa o no, era una especie de prueba.

Es un periodo de prueba que no conlleva ningún tipo de remuneración, ni genera derecho alguno para los cientos de aprendízas. La descripción de la nueva situación laboral tras superar la prueba es también altamente ilustrativa:

…luego cuando ya te decían que estabas apta para entrar en el trabajo en Lladró, pues entonces no firmamos nada, no nos hicieron ningún contrato y entrábamos sin asegurar. […] Si estabas mala, pues tus padres eran los que… como estaban asegurados, pues eran los que coman con el tema de… Lo que hicieron ver en aquellos tiempos, que era un periodo de dos a tres años, que nosotros íbamos a estar unas horas haciendo cuadros… antes de acabar la jornada. La jornada empezaba a las 8, me parece que era, hasta 7 de la tarde. Entonces de 6 a 7 de la tarde íbamos a dibujar como habíamos hecho al principio de llegar, […] y entonces esa hora te la pagaban como haciéndote un favor de decir, era un periodo de aprendizaje. que tu estabas allí y que estabas una hora aprendiendo. Que tenía que haber sido al revés, es decir, una hora trabajando y el resto aprendiendo…

Problemas de salud laboral relacionados con la alergia a la pintura motivan su traslado a la sección conocida como ‘Flores’. Han pasado ya dos años en la empresa cuando, por fin, es asegurada. Su salario, en torno a 1.200 pesetas al mes según sus recuerdos, está muy lejos de los que la ‘gente mayor’ y del otro sexo pudieran percibir en la época. Impera el conocido sistema del destajo y la diferenciación por género de la actividad productiva:

…allí lo que existía es que, si tú eras hábil y adquirías mucha habilidad en el trabajo y te iba bien, pues cobrabas mucho más de destajo de lo que era el sueldo tuse. La mayoría eran chicas, sí, la mayoría, el 65% de la empresa, siempre han sido chicas. En la época en que entramos éramos iguales, pero conforme van pasando los años sí que [a] los chicos los hacían encargados y a las chicas no nos hacían nada. […] Entonces a los chicos, […] era el que tenía novia, salía con una chica y entonces era como el cabeza de familia y las chicas no, las chicas pues estábamos con nuestros padres, llevábamos el sueldo a casa y así se determinaba… Y el hombre pues tenía que ascender […], él llegaba a tener una responsabilidad porque iba a ser el cabeza de familia.

Mari Luz entrega el sueldo en casa y su madre lo administra, pero los fines de semana, los cortos fines de semana puesto que se trabaja incluso los sábados por la mañana, son totalmente suyos. Como ella misma afirma: ‘llegaba el sábado a mediodía, tú llegabas a casa y el fin de semana a vivir lo que se podía y nada más’. Sus ratos de ocio los comparte con un grupo de amigas que a su vez son también compañeras de trabajo:

…éramos amigas del pueblo y amigas del trabajo, y entonces pues íbamos a las discotecas. Nosotras lo único que queríamos era […] arreglarnos, pintarrajearnos, irnos a la discoteca, a Las Vegas, a lo demás, a donde más lejos estuviera. Aunque no tuviéramos coche, nosotras, ¡allá nos vamos! [risas] y de novios nada de nada.

Mari Luz define la educación ideológica recibida en su casa como ‘franquista’. Ella lo achaca al oficio del hermano de su madre, guardia civil; así como a otros familiares de ésta que también formaron parte del Instituto armado. Cuando se le pregunta insiste en que: “Toda la familia era Guardia Civil”. Sin embargo, en lo tocante a la cuestión religiosa considera: «…el tema religioso nunca me lo ha inculcado, […]. Me llevó a las monjas pero para apartarme y que estuviera interna, para apartarme de lo otro. […] Mi madre no me decía de ir a misa…» Sin embargo, en cuestiones de género o laborales los consejos maternos iban en una clara dirección: «No hay que quejarse -me decía-, los potros sueltos y las yeguas atadas, y tú nunca te tienes que quejar de nada, y en el trabajo, si se han equivocado en una peseta tú déjalo, no te preocupes, no pasa nada». La muerte de Franco es un trauma en su entorno familiar. Para su madre la situación puede devenir en una nueva guerra civil y sus tragedias, que conoce y que teme. En aquellos días se organizaron rosarios y oraciones por la precaria salud del Caudillo a las que, por deseo de su madre, asiste Mari Luz. No obstante, la muerte del dictador abre paso a un nuevo periodo en el que empiezan a asimilarse nuevas experiencias:

…en Lladró un grupo de gente decide, después de las comidas, reunirse y hablar. Hablan tal, tal, y un determinado día dicen que van a hacer una asamblea y que van a pedir permiso a la empresa para hacer una asamblea en el comedor, porque hay una transición política, va a venir una democracia y van a haber enlaces sindicales. […] Después nos dicen que no les da permiso la empresa, que eso es ilegal, y hacen la asamblea.

Las consecuencias de esta primera movilización que recuerda Marí Luz fue el despido de una chica llamada Rosa Mari Culebras, «nunca olvidaré su nombre. Era una chica así bajita, pinta de hippie, y entonces alrededor de ella había un grupo de chicas que estaban en el pintador que eran más mayores, eran más mayores que nosotras y llevaban más tiempo trabajando allí, […] eran las que apoyaban a esta persona y las que daban la cara en nombre de ella».

El conflicto se saldó con una conciliación que, en la memoria de Mari Luz, no fue un éxito de las posiciones obreras, aunque probablemente será el inicio de un proceso de cambio de mentalidades. Se crea una caja de resistencia, se recoge dinero para la compañera despedida pero Marí Luz no participa en la colecta: «…si la han tirado, pues la empresa tendrá motivos para tirarla, dije yo, inocente de mí, ignorante de mí. […] Entonces claro, hasta mis propias amigas y compañeras me dejaron de hablar…»

La nueva situación política requiere cambios; el mundo laboral no es ajeno a estos. José Lladró, el mayor de los hermanos, se encarga de ‘normalizar’ el panorama sindical de la empresa. Se trata de realizar unas elecciones sindicales, más o menos programadas, que garanticen la paz sindical en la empresa:

…necesitamos gente joven. […] No te va a implicar en nada, tú solo tienes que asistir a las reuniones. Si hay alguna compañera que tiene algún problema, algún problemita, pues ya sabes, […] tú estás para que nos lo hagas llegar, tú eres la voz, de ella y ya está. Aquí lo que pretendemos es que no haya jaleo, aquí jaleo ninguno, aquí a trabajar lo mejor posible y que estemos todos muy contentos.

Marí Luz Ochoa y Marí Carmen Ramos son elegidas enlaces sindicales «de las que estaban aseguradas». Marí Luz intenta recobrar el crédito perdido con sus compañeras, ella piensa: «van a tener confianza en mí porque soy valiente». Cuando se dirigen a su interlocutor, el mentado D. José, indicándole los problemas que se manifiestan en la fábrica, éste les espeta: «Tu tranquila, tu dius que m’ho has dit, tu m’ho has dit però res més. Tú tranquila, tu tranquila». El despertar a una nueva consciencia se está produciendo entre los colectivos más desfavorecidos socialmente. Las dos nuevas delegadas sindicales empiezan a com-prender el interés que esconde el ‘paternalismo’ de la empresa: «¿Tú lo ves normal, Mari Carmen?», le preguntaba Mari Luz. «Pues no», le contestaba la primera que, a su juicio, era mucho más espabilada que ella: «Yo esto no lo encuentro claro. Aquí nos están tomando el pelo. Nosotras venimos aquí de portavoces y si hay algún problema y algo nos dice la gente… Pues resulta que nos están tomando el pelo». La estrategia de la empresa persigue adaptarse a los nuevos tiempos, no solo a los políticos que implican una mayor participación sindical en la empresa; este aspecto lo tienen más o menos controlado con su sistema de fábrica-escuela y mano de obra joven y barata. Ahora se trata de introducir los nuevos sistemas de organización científica del trabajo, hay que sustituir los antiguos procedimientos de control de calidad basados en personas, normalmente mujeres expertas obsesionadas en buscar la perfección en las piezas, por otros nuevos que le garanticen una mayor productividad. Sobre esta cuestión vale la pena recabar en esta reflexión:

…la empresa ya se estaba planteando que tenía que cronometramos e iba a introducir un sistema y a esta persona [refiriéndose a una encargada con mucha experiencia] hasta ahora le había interesado [la perfección en el acabado de las piezas], pero en esos momentos esa perfección ya no le interesaba y entraba mucha gente joven. Entonces, ¿qué hace? Nombra de la sección de flores a tres personas que sepan trabajar un poco. Yo era de las últimas. Bueno, de las últimas no, ya llevaba tres años allí y ya tenía un poco de habilidad. Pero delante de mí había más gente. […] Como yo estaba de enlace sindical, me ponen también. «Mira, a la bonica ahí también la vamos a poner, ¿ves? Para que no hable». Me […] hacen encargada. Claro, yo, entre lo de enlace sindical, que no lo veía claro, y aquí que yo no veía claro lo que tenía que hacer, porque yo si veía que una persona ves que estaba así [la pieza) y estaba bien, yo se lo pasaba. Claro, llegaba la encargada, el mando: «¿Por qué has hecho pasar esta flor?» «Yo la veo bien». «Eso no está bien».

Asistimos a un proceso de aprendizaje no profesional. Las mentalidades van transformándose y se adaptan a la nueva situación. Otras compañeras en la empresa, ahora proceden de la sección ‘Pegador’ y ‘Repasador’, convocan una asamblea en el comedor de la empresa. Mari Carmen Collado, Tere Benito y Pilar Esteve, entre otras. El patrocinio de Comisiones Obreras resulta explícito en el evento, la presencia de Alberto Guerrero y Joan Sifre, junto con otros dirigentes sindicales de la época, así lo corroboran. La asamblea, pese a las numerosas trabas que plantea la dirección de Lladró, se celebra. Allí se anima a las trabajadoras a presentarse a las elecciones sindicales de forma libre, sin depender de la voluntad de la empresa. Aparecen octavillas apócrifas invitando a la gente a no acudir a las reuniones, a no afiliarse a los sindicatos de clase. Mari Luz que, a estas alturas, ha dimitido de encargada, recuerda que:

…al principio había gente que no se quería afiliar y entonces tenían una caja de resistencia. Y esa gente que no se quería afiliar pues daba un dinero y decían: «Yo no me quiero afiliar pero doy este dinero para cuando repartáis hojas, porque vais al sindicato y tenéis que pagar, dar información…» Yo tampoco tenía muy claro el afiliarme, pero cuando pasó la época en que estuvo toda esa gente ya en la asamblea y vienen nuevas elecciones sindicales, decido presentarme y entonces me afilio a Comisiones Obreras, eso fue en el 79.

Los conflictos laborales en Lladró son esporádicos. En el interior de la fábrica suelen resolverse por la vía de la negociación. Los que vienen de fuera, sectoriales o más generales, adquieren una incidencia relativa pero, en cualquier caso, sirven para ayudar en el mencionado cambio de mentalidades que se observa en la sociedad española del momento. Concretamente en 1977 se lleva a cabo una huelga del sector que afecta al grupo Lladró. Un colectivo no excesivamente numeroso de trabajadoras secundó la movilización:

…el director, […] no me acuerdo ahora cómo le llamaban, pero era uno bajito que tenía muy mala leche y llamó a la Guardia Civil. […] Recuerdo que vino la Guardia Civil y corriendo nos llevaron a Alboraia, para el barranco, y así transcurrió el día de huelga. Entonces al día siguiente teníamos mucho miedo, porque nos llamaron a todo el mundo, a todo el mundo […] que habíamos hecho la huelga, sí, pero no hubo represalias. Hubo un porcentaje muy bajo, quizás seriamos 40 personas, 30, un porcentaje muy bajito, muy bajito […]. Recuerdo que cuando llegamos nos tocó volver a firmar otra hoja como que habíamos actuado mal y tal… para no tener represalias […] La empresa nos… como era muy buena, pues… y no éramos muy conscientes de la situación, pues nos perdonaba…

Su vida familiar es ajena a los cambios que Mari Luz experimenta en otros terrenos. A su madre, la que ella reconoce como tal, no le comenta su nueva adscripción sindical ni su pertenencia al comité de empresa -ya se han producido derogaciones en la legislación laboral y los enlaces y jurados verticalistas han pasado a la historia. También su entorno de amistades es ajeno a los cambios. Algunas compañeras le decían: «Pues nos hemos ido a tal reunión, hemos estado en tal pub por el barrio del Carmen y hemos hablado de este tema». En cambio, ella ante sus amigas pretende despreciar la militancia: «¡Buaf! ¿me voy a meter yo en ese pub a hablar del tema, de esos temas, de esos rollos? ¡Yo me voy a la discoteca, que no se pasa poco bien allá! (…) Y ellas a lo suyo y yo a lo mío». En 1979 contrae matrimonio con su compañero: «conozco a un chico, me caso, y me vengo a vivir a otro pueblo», también de L’Horta Nord. Su pareja, según ella misma lo define, «militar no militaba, pero [era] de ideología de izquierdas de toda la vida, […) desde que era consciente». Su nueva situación personal coincide con la aceptación de nuevas responsabilidades en el terreno sindical. En el centro de trabajo las relaciones se hacen más complejas, la línea de mando corresponde siempre al género masculino independientemente de sus méritos para ejercer tales funciones. Mari Luz lo expresa de este modo:

…lo más sangrante que veía era que a todos los hombres los hacían encargados. […] Eran hombres y luego los directores todos hombres, todos los cabecillas hombres. Y el paternalismo que había hacia nosotras, esa protección de que no te muevas, que eres como una porcelana, […] y, ¡qué guapa has venido hoy! A mí eso no me ha importado, que me dijeran que venía guapa. Recuerdo que llevábamos todas unas minifaldas que se nos veían las bragas. Me acuerdo que los primeros sindicalistas que nos hicieron la asamblea, estábamos en verano con un babi blanco sin nada, sujetador y braguitas, […] y claro, se les caían las babas, los pobres no podían ni hablar solo de vernos…

Su integración en el sindicato de Comisiones Obreras se produce en cierto paralelismo con su personal manera de entender las relaciones de género:

…soy defensora de la mujer, pero no defensora de la mujer en sí, sino defensora de la igualdad. De la igualdad de los seres humanos, hombres y mujeres […]. Pensé ya en su momento que para mí, es decir, a mi me gustan los hombres, no los tenía por qué apartar, pero tenía que ayudarles a que fueran mejores. Si yo quería ser mejor y quería ser mujer y persona, pues tenía que hacerles ver que ellos eran hombres y personas y yo era mujer y persona.

En aquel momento Comisiones Obreras había iniciado la labor de constituir la Secretaría de la Mujer en el ámbito confederal y, desde esta plataforma, impulsarla al conjunto de federaciones de rama y otras organizaciones territoriales. La Federación de Construcción y Madera de CCOO [FECOMA] piensa en Mari Luz para el desempeño de tal cometido en el País Valenciano. Ella lo recuerda así: «Me parece que era Nuria, sí, una chica morena [se refiere a Nuria Espí] […]. Nos hizo una reunión, ella se iba a Madrid. Iba a reivindicar una serie de derechos para la mujer. Se iba a proponer que se fueran formando en las federaciones un área de la mujer». El escepticismo ante esta iniciativa no solo fue patrimonio del amplío sector masculino que dirigía el sindicato. Para estos, con honrosas excepciones, se trataba de hacer una política de escaparate con un tema que estaba candente. En cierto modo, era una forma más de incorporarse a los nuevos movimientos sociales, a una cierta modernidad que aportaba renovación al clásico movimiento obrero. Pero también las mujeres del sindicato muestran una perceptible incredulidad ante la propuesta: «¿Nosotras? Sí [en] nuestra federación la mayoría son hombres, ;cómo vamos a formar un área de la mujer?» Esta incomprensión se reflejó en un término bastante popular en aquel ambiente: la ‘secretaría florero’. En este aspecto Marí Luz opina:

…sabías que ibas a ser como un florero y ellas, para ser un florero no se presentaban, porque iban a ser utilizadas. Ellas sabían que el hombre [con] su mentalidad y su educación, aunque para la gente de Comisiones eran así, iban a estar para florero. Estaban para hacer lo que ellos quisieran y entonces ellas no… De hecho había mujeres que sí que asistían a las ejecutivas y a los congresos y todo. En ese momento hay un congreso de construcción (…] y tiene que salir una mujer y entonces les digo: Pues yo me presento, lo tengo clarísimo, yo me presento para estar ahí”.

Cuando hice mí intervención, […] me dijo un hombre «Compañera, has hablado muy bien pero vas a tener que compartir mesa, [se refiere a los despachos en la sede sindical] no hay una mesa solo para ti”.

Yo le dije: “No me importa compartir nada, yo vengo aquí para defender a las mujeres, para dar una buena información a mujeres y hombres, porque lamentablemente estamos destinados a comprendernos y no me importa compartir lo que sea”. Había mucha gente que no y que no, que el que se presentara una mujer quedaba muy bonito, muy decorativo, como decían. Yo recordaba lo que habían dicho mis compañeras: es un florero. Yo lo que dije fue: «Yo no voy a ser un florero, en cuanto me sienta florero dimitiré o lo dejaré. Yo para ser florero soy florero por ahí».

Asume finalmente la Secretaría de la Mujer en FECOMA, y perdura en el cargo durante tres o cuatro períodos congresuales, se entiende. Durante ese tiempo procura educar a sus propios compañeros de ejecutiva en el respeto a una cultura no sexista: «Yo, al principio, recuerdo que cuando el primer 8 de marzo que celebré pues los puse a todos [sus compañeros de la dirección] de hoja de perejil». «Es que yo tengo una reunión.„» «¿Todos tenéis reuniones para el 8 de marzo? ;Ese es el día que más trabajo tenéis? ;Pues eso se deja!» El posicionamiento de Mari Luz en la cuestión de género es muy particular en relación con determinadas tendencias que, en aquellos momentos, estamos ya en la segunda parte de la década de los ochenta, empiezan a plantearse en el movimiento feminista. Sirva de muestra este razonamiento:

…yo siempre lo he tenido claro, que los hombres tienen cinco sentidos, pero que nosotras tenemos un sexto sentido que ellos nunca, muy pocas veces, comprenden ese sexto sentido que nosotras tenemos. Entonces, en el transcurso de muchos años, podemos demostrar que valemos muchísimo, igual que ellos. Y si nos lo proponemos valemos mucho más que muchos hombres, no que los hombres en general pero, como personas, valemos muchísimo…

El proceso de inmersión en el mundo sindical pronto se vio acompañado por el de toma de posición política. Las elecciones generales de 1979, tras su boda, son el punto de partida para su incorporación a la acción política. Conoce a los interventores del PCPV gracias a sus acreditaciones en la mesa electoral. Fue su primera toma de contacto con esta formación política a la que vota en esta convocatoria electoral. También reconoce la influencia de su marido, trabajador de hostelería y afiliado a CCOO. Precisamente en una asamblea con motivo de una huelga en el sector hostelero reconoce a algunos interventores del PCPV:

…me pongo en contacto con la persona [propietaria del local] donde se había celebrado la asamblea, que era una persona del Partido Comunista de toda la vida, con una trayectoria sindical y luchadora […]. Se llama Santiago. […] Este hombre tenía un bajo, una nave, y en esta nave decide no cobrar ningún alquiler y hacer las reuniones de la zona, de la gente de CCOO de todas las empresas sin cobrar nada. Tenía un asesor que iba unos días y esta persona pues alquilaba, sacaba para la luz. Pero cobrar alquiler por hacer asambleas, por hacer reuniones, en absoluto.

En esta persona, Santiago, reconoce a su valedor político. Él la pone en contacto con otros militantes de este partido y de la coalición Izquierda Unida. Tras un rápido proceso, como ella misma reconoce, de reuniones con miembros de esta organización, entra a formar parte de la misma y a presentarse en las siguientes y sucesivas elecciones municipales:

…de hecho sigo presentándome en mi pueblo por Izquierda Unida y seguimos presentándonos. Al principio me presentaba de las primeras, no para ser concejala ni para ser alcaldesa. Pero sigo estando ahí y sigo luchando, si. La lucha tiene que existir siempre.

También sigue adelante en su actividad sindical. Para poder compaginar tanta labor con su vida familiar afirma haber encontrado un gran apoyo, tanto en su madre como en su marido, que se ocupan de las tareas domésticas: [riendo] «Yo me iba a Madrid, cuando la Secretaría me he ido a los congresos. Me he ido aquí, me he ido allá. Nunca ningún problema, he llegado a casa muy caliente de cabeza, pero he llegado con la mesa puesta, ducharme y relajarme…»

Con respecto a la actividad sindical cree que actualmente ve «a la gente más sensata, con más sensatez, antes eran más cerradas». Esta afirmación tiene relación con los cambios que observa en los comportamientos de sus compañeros con respecto a ella. Y a la influencia que reconoce a la creación, en su día, de la Secretaría de la Mujer:

…la primera vez que me presenté me dijeron que tenía que compartir mesa. En las segundas elecciones a mí ya no me dijeron nada y yo no tenía ningún problema. Al revés, si había que ir a una reunión a Madrid me llamaban […j. Pero vamos, que en ningún momento me he sentido apartada por mi Federación en ese tema. Ni apartada, ni marginada, ni nada.

JUAN PRADELLS (2004)

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