Inmaculada Bernabé Rubio

Nace en 1947 en una familia humilde de Valencia. Estudia con beca en las Escolapias sin completar el bachiller. Mas tarde consigue el Graduado Social. Su inquietud social le lleva a comunidades cristianas y su compromiso político a la OIC hacia 1975. Ha trabajado en asesorías legales junto a Vicent Álvarez, y en temas de formación en CCOO, desde 1978, donde presidió el comité de empresa. Accedió como interina al Ayuntamiento de Valencia en 1985. Ha formado parte de la Federación Europea de Servicios Públicos y en la Federación Internacional, siendo Secretaria de la Mujer de la FSAP estatal y fue representante del Comité de Igualdad de la Federación Europea en la CES. Como feminista ha participado en la Coordinadora de Mujeres y en la Comisión 8 de marzo.

Testimonio recogido y comentado por Carmen Peinado en 2004.

Inma nace en la céntrica calle de Ángel Guimerá de Valencia, en el año 1947, siendo la mayor de cuatro hermanos, dos mujeres y dos varones. Un problema de salud de la hermana pequeña y su frustración por no permitirle las monjas del colegio estudiar el Bachiller marcará profundamente su vida. Serán estos hechos los que fragüen un carácter solidario y un modo de relacionarse basado en la igualdad y el respeto hacia las personas, independientemente de las capacidades y limitaciones de estas.

Yo soy la mayor, detrás otra chica y, detrás, dos chicos. Mi hermana que va detrás de mí, que nos llevarnos dos años y medio, tuvo poliomielitis a los 9 meses, parálisis infantil, con lo cual eso nos marcó de una manera determinada a todos. Nos educaron de una manera bastante determinada en cuanto a convivir con una persona con alguna limitación física y considerarla como una persona normal Yo creo que eso es uno de los puntos que me ha marcado mucho en la vida. Mi hermana era una más, teníamos conciencia de que tenía limitaciones, pero estaban asumidas desde la normalidad. Es más, cuando nos pegábamos como todos los hermanos, nos peleábamos y tal, ella venía por la noche y nos daba una bofetada porque nos la debía, porque nos habíamos ido corriendo y entonces jamás devolvíamos esa bofetada[…] Es decir que, son cosas que te marcan un poco al convivir con una educación que nos ha marcado, de considerar a los que la sociedad considera desiguales, considerarlos iguales y respetar esa diferencia, sin ver que es una diferencia sino algo, simplemente, pues eso, una limitación que no conlleva más que eso.

Inma procede de una familia humilde, trabajadora, con limitaciones económicas como tantas otras de esa época de posguerra. El padre trabajaba de electrónico en la empresa Fermax Electrónica, que era un negocio familiar de un primo suyo. Y como era un ‘manitas, la jornada laboral la prorrogaba en su casa haciendo inventos y proyectos: “Yo recuerdo que la galería de casa la cerraron y por las noches estaba mi padre allí soldando y yo allí al lado mirando lo que hacía».

La educación de Inma esta marcada por las monjas, asiste junto a sus hermanos a Escolapias. Esto fue posible gracias a una beca que le concedieron a su hermana y al faltar mucho a clase por las operaciones que le hacían pasa a Inma. La situación de becaria es sinónima de discriminación, tanto en el trato como en el posterior desarrollo de sus estudios. Al llegar la época de matricularse para el Bachiller, no muy sutilmente aconsejaron a su madre que la niña estudiase otra cosa para que pudiera empezar a trabajar, pues debido a las dificultades de la economía familiar era una necesidad apremiante. Este hecho lo recuerda Inma de forma amarga y considera que fue su primera gran frustración, su primer encuentro con una realidad injusta, con la realidad de no tener medios…

Y ahí fue la primera frustración de mi vida. Eso lo tengo grabado perfectamente en la cabeza, ¿no? «La niña es la mayor, ustedes no tienen medios, tiene beca, lo mejor es que estudie algo para que se pueda poner a trabajar enseguida». Yo recuerdo mi madre y yo llorando por la Gran Vía, porque yo quería ser maestra y mi madre quería que yo estudiara una carrera.

De su ambiente familiar recuerda unas relaciones basadas en el diálogo. Todo se compartía y se comentaba. Las ideas republicanas por parte de la familia materna auspiciaron este ambiente abierto y progresista, dentro de un contexto generalizado de ignorancia y represión que vivían otros niños de su generación. Inma era una privilegiada y recuerda una anécdota que lo corrobora:

Pues yo recuerdo que me sabía el Himno de Riego desde pequeña, porque la familia de mi madre era republicana, incluso el hermano mayor había sido capitán de la República y entonces en mi casa pues se hablaba de las cosas y además nos lo contaban incluso siendo pequeños, diciendo: «De esto no habléis fuera». Y yo recuerdo en la época de carnavales, que estaban prohibidos, nos bajábamos a una `paraeta’ que había abajo, nos comprábamos caretas y, en la terraza del edificio de la finca, hacíamos carnavales clandestinos. Nos decían: «No gritéis porque están prohibidos». Es decir, que desde pequeña yo he sabido las cosas, aunque no las entendía.

Dentro de este marco de tolerancia, la figura del padre es para Inma encomiable, desde su silencio, «era un hombre muy reservado», supo transmitir con el ejemplo unos valores de respeto y tolerancia hacía cualquier ideología. Siendo una persona no creyente, no puso ningún obstáculo para que sus cuatro hijos tomaran la primera comunión. Eso sí, él asistió a la iglesia pero no acompañó en el acto, pues consideraba que no podía participar en lo que él no creía pero respetaba. Aunque esta decisión en un principio no llegaba a comprenderla Inma, fue a partir de la comunión de su hermano pequeño cuando vio la coherencia y el respeto que su progenitor deseaba transmitirles.

Después de la comunión de mi hermano Alberto que, al llevarnos nueve años pues yo ya era adolescente, a partir de ahí se me abrió un… una, una visión del respeto, de lo que significaba respetar las ideas y eso yo creo que me ha marcado el resto de mi vida.

No recuerda que hubiera trato diferente hacia los hermanos según su sexo, piensa que estas diferencias se construyeron después de la muerte del padre, que murió siendo muy joven. Aunque Inma insiste en que eran mínimas, pues a la hora de salir y entrar siempre gozó de una libertad absoluta.

Yo tenía la pandilla de gente que tenía que llegar a las nueve a casa y yo solo tenía que avisar por teléfono si llegaba tarde, pero no tenía… A mí en casa no me han pegado en la vida, nunca. Me acuerdo que una vez, cuando tenía 6 ó 7 años, mi abuelo materno me dio una bofetada y me acuerdo [que] siempre decía yo: «Porque una vez me pegó…» Si te hubieran pegado mucho te acordarías, ¿no? porque solo fue una bofetada. Nunca nos han pegado a nadie, no ha habido castigos tampoco, hasta el punto de que yo en el colegio me llegaba a inventar castigos porque a todas las castigaban.

Metida en la adolescencia, Inma intenta superar una de sus mayores frustraciones, que era la de no poder ampliar sus estudios. Después de cursar ‘Comercio’, los estudios de secretariado de la época, busca alguna carrera en la que no necesite el titulo de Bachiller.

Hice Comercio en el colegio, nos íbamos a examinar a la Escuela de Comercio. Fueron cinco años, me dieron un diploma y punto. Y en cuanto pude me fui por toda Valencia a buscar qué carrera podía estudiar sin tener el Bachiller y no podía estudiar ninguna. Simplemente había una cosa que había en la calle de la Paz, estaba la escuela Pax de Turismo, pero ahí también me pedían el Bachiller Elemental, hasta que encontré lo de Graduado Social que se hacía en la calle de la Nave por la noche, que dependía del Ministerio de Trabajo, no dependía de Educación. Pero tenía que hacer un curso puente, que el curso puente prácticamente era un examen y entonces me matriculé del curso puente y de primero. Conforme empecé a hacer eso, apareció la primera convocatoria de Graduado Escolar, que suplía al Bachiller Elemental. Lo hice y para mí fue la venganza… vengarme de las monjas. Yo necesitaba tenerlo, porque eso me quedó grabado de por vida.

Su primer empleo fue de auxiliar administrativa en Fermax, y más tarde de contable con su padre, cuando este montó una fábrica de televisores. Rondando la veintena y por las influencias de un grupo de gente que frecuentaba en esa época, decide marcharse a Barcelona.

Pues me fui a Barcelona, por una historia de tipo religioso. Yo. estuve aquí en la etapa de la adolescencia en el Movimiento Junior. Bueno, en muchas cosas: en Escolapios, en una cosa que se llamaba la Legión de María, estuve participando en la elaboración, en el análisis que se hacía del Vaticano II, en Comunidades Cristianas Populares, cristianos de base. Yo estaba, no desde lo político, sino desde lo cristiano. No me gusta llamarle católico, yo creo que… no me gusta esa palabra. Además, desde lo cristiano estaba haciendo una contestación. Es decir, que mi primera militancia fue desde lo religioso, desde lo cristiano, compromiso cristiano.

En Barcelona trabaja en un principio en una empresa de hilaturas en Sabadell y compagina este trabajo con sus estudios de Graduado Social, desarrollando a su vez una labor social con las gentes del barrio.

Yo vivía en Gracia, en la zona de Gracia, y entonces […] yo estudiaba Graduado Social. Por lo tanto, yo iba a clase por la noche y yo estaba en la calle con la gente… Es decir, que yo llegué digamos a la conciencia ideológica de izquierdas a través un poco del compromiso social.

Varias ocupaciones se suceden en esta época de su estancia en Barcelona: trabaja en un colegio limpiando, dando clases, haciendo alfabetización para adultos, e incluso llegó «a trabajar con gitanos haciéndoles expresión corporal. Yo, a las gitanas, que yo era un ‘pato mareado’ con mi cuerpo, y aquéllas… Les hacía expresión corporal». Aunque es en Barcelona donde Inma tiene sus primeros contactos con la Organización de Izquierda Comunista (OIC), será a su regreso a Valencia cuando inicie una militancia activa.

Entonces, cuando vine a Valencia, ya me dieron un contacto y ya me metí en la OIC. Bueno, después de seis meses que teníamos que pasar, seis meses de postulanta para entrar en la OIC. Me fui a vivir a Orriols y a Torrefiel, donde teníamos esas… unas reuniones que, durante seis meses, digamos que adoctrinaban. Y en Orriols, en un piso… teníamos que dar muchas vueltas antes de llegar allí por motivos de seguridad.

En 1975, ya de vuelta en Valencia, entra a trabajar en una asesoría de empresas y es aquí donde vive su primer conflicto laboral, de una forma individualizada.

..trabajando en una asesoría de empresas, eran un abogado y un economista. Recuerdo que me… yo trabajaba como graduado social, pero me tenían asegurada como auxiliar administrativo. Cuando llevaba un año les planteé que yo era, que mi trabajo era de graduado social. Y yo conocía a Rafa Casanova, de Comunidades Cristianas Populares, y entonces él trabajaba con Alberto García Esteve. Yo fui al despacho de García Esteve y presentamos un ‘auto despido’, que ahora no me acuerdo cómo se llamaba aquella figura, pero yo denuncié a la empresa porque me despedí yo, por incumplimiento de relación contractual. Gané el juicio y me readmitieron.

Transcurre un periodo hasta que entra a formar parte del equipo de Vicent Álvarez. Es en esta época de los años 1977-1978 cuando inicia sus contactos con CCOO, llegando a formar parte de su plantilla de gestión administrativa.

Yo creo que entré en CCOO en febrero del 78. Iba un día a la semana a asesorar a la Unión Local de Mislata, con Isidro Llopis, y recuerdo que de la gente que trabajábamos en ese despacho de laboralistas [de Vicent Álvarez] éramos de la OIC y de Acción Comunista, hicimos unas reuniones para ver en qué sindicato nos metíamos. Y entonces Vicent Álvarez y yo nos metimos en CCOO. Yo recuerdo que un sábado tenía que ir Alberto García Esteve a dar un curso de la nómina y le salió alguna cosa, y entonces me llamaron a mí, porque yo con unos estudiantes de Graduado Social había elaborado el primer estudio que se hizo en España del recibo de salarios. Pues me llamó Rafa Casanova, que estábamos en una asociación que habíamos montado democrática de Graduados Sociales, fui y a partir de ahí me llamaron para otras cosas y me contrataron.

De esta primera experiencia, Inma recuerda el ambiente solidario entre los compañeros y el vivir la ideología de manera cotidiana.

Me contrataron como técnica, era un contrato administrativo. Todas estábamos iguales, […] además había una cosa, es que todos cobramos lo mismo que los sindicalistas, es decir, no había sueldos diferentes, cobraba lo mismo Antonio Montalbán que yo. Además aquello para nosotros fue un regalo, porque ya antes, en el despacho de Vicent Álvarez, hacíamos fondo común que esa es […] otra experiencia preciosa que viví, es decir, yo llegué a trabajar con ellos, que eran personajes importantísimos en Valencia, era uno de los despachos de laboralistas más importante en Valencia. Fue una etapa de verdad, de eso de vivir la ideología de manera cotidiana, creerte lo que vives, compartir.

Fueron estos inicios de militancia tan intensos que apenas advertía diferencias, ni por cualificación ni por género.

Si no captaba esa discriminación por género es porque no tenía la sensibilidad. Yo era excesivamente sindicalista y poco feminista en aquella época. Ahora estoy más equilibrada, pero en aquella época yo era muy sindicalista. Entonces a mí lo que me preocupaba […I era el hecho de que trabajábamos los sábados por la mañana y salíamos a las nueve de la noche entre semana. Es decir, la gente que trabajábamos en el sindicato no tenía [mos] los mismos derechos que los trabajadores a los que defendíamos y para los que negociábamos convenios. Entonces, una de mis primeras luchas fue no trabajar los sábados y la segunda era acabar a las 8 de la tarde. Y de ahí a Paco Ágreda se le ocurrió hacer elecciones sindicales […]. Y entonces nos pillamos al carro inmediatamente y nos fuimos a hacer asambleas por todo el País Valenciano, para la gente contratada de CCOO, los que no eran sindicalistas con cargo. Entonces montamos las primeras elecciones sindicales y no dejamos votar a los cargos, con lo cual se montó un pollo que os podéis imaginar. Porque claro, sindicalistas que en unas elecciones sindicales dentro de CCOO nos pongamos en el otro lado, pues la verdad es que lo vivieron muy mal. Se veían como empresarios y es que estaban actuando como empresario […] Porque (para) ellos que tenían cargos políticos era una parte de su militancia […] pero los que éramos técnicos no teníamos por qué tener ese compromiso militante. […]Yo tengo que tener un convenio de mi trabajo profesional (…) que lo empezamos a partir de esas elecciones. Y bahía otra curiosa, y es que incluso la gente la gente técnica de esa época éramos todos sindicalistas. […] Entonces fue el vivir las cosas desde unos puntos de vista que parecen contradictorios o incoherentes, pero eran de una coherencia tremenda. Es decir, yo puedo trabajar en CCOO y exigir mis derechos como persona contratada, y sin embargo, ser militante de CCOO que puedo dar las 24 horas al día, si me da la gana.

Aunque Inma confiesa ser en una primera etapa más sindicalista que feminista, pronto esta conjunción de ideas entrará a formar parte de su ideario personal. Admite que fue en CCOO donde empezó a adquirir esta conciencia feminista. Y aunque no estaba en la Secretaría de la Mujer, se ha sentido siempre muy vinculada a ella, llegando a representarla en varias ocasiones. Fue en una de estas reuniones y a raíz de la creación de la Plataforma 8 de Marzo cuando adquiere un compromiso más firme con la causa feminista.

Entonces se montó […] la Comisión ‘Ocho de Marzo’ y se reunían, no me acuerdo exactamente en qué año, pero se reunían en la Casa Verda, allá en [la calle] Cura Femenía, y entonces íbamos Amparo Llop y yo representando a la Secretaría de la Mujer de CCOO. Íbamos las dos y llegó un momento en el que yo no… ya no quería ir como CCOO, porque al final iba yo sola, ¿no? Llegó un momento en el que a mí se me planteaba una contradicción: [entre] el feminismo que yo estaba descubriendo en la Comisión Ocho de Marzo y el feminismo de CCOO. Y entonces dejé de ir como CCOO y me incorporé como Inma Bernabé a la Comisión Ocho de Marzo, en cuanto a la militancia feminista.

Siente un cierto resquemor al recordar la incomprensión por parte del sindicato a la hora de plasmar de una forma más realista el tema de la mujer. Aunque fuera importante, en su opinión nunca se ha tenido tiempo para profundizar en qué era eso del feminismo, conocerlo y asumirlo. Por ello no cesa Inma de lanzar su voz en contra del poco respeto a la proporcionalidad. Le resulta difícil de creer que suscitara y aún hoy suscite tanto debate el tema de la paridad en la composición de un sindicato de izquierdas. Parece que haya ciertas dudas de la competencia de la mujer para desarrollar cualquier cargo o labor dentro de una ejecutiva.

Yo no había estado nunca en la Secretaría de la Mujer de CCOO, pero he estado siempre al lado […) de esas mujeres que decíamos al principio, como hay muchas (mujeres) en CCOO que, sin tener ningún cargo, hemos ‘tirado de carros’ y hemos ayudado a las compañeras que estaban allí, para que no estuvieran solas y tener el apoyo de muchas de nosotras que estábamos detrás. Ha habido […] en CCOO una intuición de que el tema de mujer era importante, pero nunca se ha tenido tiempo para profundizar en qué era eso del feminismo, y siguen igual. Es decir… Yo en este último Congreso creo que va a ser la primera vez en mi vida que no voy a participar desde que estoy en CCOO, desde el año 78. Y no voy a participar porque acabo pareciendo la loca de la asamblea, es decir, yo la última bronca la he tenido en el congreso extraordinario de mi federación, aquí en Valencia, cuando se hicieron unas listas en las que no se respetó la proporcionalidad que está en estatutos. En nuestro congreso creo que fueron los primeros estatutos de toda la confederación que se hicieron con la proporcionalidad obligatoria, y no ‘se procurará…’, que era la frase famosa. Y entonces a mí me molesta tener siempre el papel de recordar que se cumplan los estatutos en ese tema. La última fue hace unos meses en el congreso extraordinario y ya no quiero volver a tener ese papel que me acaba considerando la rompedora de las cosas. Para mí el sindicalismo es un compromiso de por vida. Y es una lástima porque yo creo en CCOO y yo conozco bastante bien el mundo sindical, no solo el de CCOO. Estos últimos años he estado en la Federación Europea de servicios públicos y he tenido bastante conocimiento de muchos tipos de sindicalismo. Y yo creo que CCOO tiene la mejor infraestructura que se puede tener para conectar esos dos ideales, que es la realización de la clase obrera y la defensa de los derechos de esa clase trabajadora más necesitada y más desprotegida que son las mujeres.

Esta discriminación hacia la realidad de la mujer se vio reflejada en una atención menor por parte del sindicato en los conflictos de empresas con plantillas mayoritariamente de mujeres. En el textil había mujeres muy válidas, llevando una militancia sindical de riesgo, pues muchas de ellas fueron despedidas y figuraron en ‘listas negras’, llegando a no poder trabajar nunca más en ese sector. En el sindicato se les reconoció poco, invisibilizando su presencia en los cargos.

Pienso que nuestra vida es más colorista, me gusta llamarla así, nuestra vida no es homogénea, no es solo Partido y Sindicato. Nuestra vida es […] la familia, las relaciones, el ocio, la formación, el compromiso político, social, es decir, yo creo que las mujeres tenemos muchos campos, no estamos tan reducidas.

Inma siempre compaginó su militancia sindical con la militancia política en la OIC. Este hecho no fue obstáculo para que ciertos sectores del sindicato confiaran en ella, dándole responsabilidades de formación a nivel técnico, sin el cargo.

En aquella época CCOO era PC todo, era todo PC. Es decir, no había cargo que no fuera del PC y yo que no tenía cargo, pero tenía responsabilidad, la formación. Yo a ese nivel siempre lo he dicho en todos los foros, es decir, yo no he sido del PC, pero han confiado en mí, quizá porque llevaba formación que no le importaba a nadie. No tenia cargo, estaba contratada como técnica […] yo estaba en la Comisión Estatal de Formación, elaboramos folletos de formación, los primeros que se hicieron y los primeros cursos que hicimos por muchos sitios de España y yo iba aunque fuera de la OIC. Es decir le doy ese valor a CCOO de que a mi me respetó, pero es que yo también respetaba. Yo recuerdo en momentos de pactos, de los primeros pactos que se firmaron, que en la OIC no estábamos de acuerdo, y yo monte las asambleas pero yo no participaba, es decir, yo como responsable de formación las organizaba, pero jamás salió de mi boca nada en contra del pacto que CCOO estaba apoyando. Es decir, que a ese nivel yo creo que tuvimos una entente bastante cordial de respeto.

Dentro de la evolución del sindicalismo, Inma apuesta por los orígenes, por la pureza del significado de las palabras, no comprende ni comparte la nueva terminología.

Sigo creyendo en la necesidad de la organización de la clase trabajadora, y además pasa una cosa, que yvo cuando tengo oportunidad, estos años que he tenido oportunidad de hacer asambleas para las huelgas, siempre nos hacen un guion y yo no lo uso nunca, porque es un ‘guion light’. Yo sigo hablando de clase trabajadora, sigo hablando de que siguen habiendo dos clases en este país; los que mandan son los dueños de la empresa y los que trabajamos con nómina, porque eso no ha desaparecido y en el discurso sindical parece que ya no hay, pues eso, el capitalismo y los trabajadores, ya no existe. Ahora a la privatización se le llama no sé… ‘externalización’, a que cierren las multinacionales ‘descolonización’, a la clase trabajadora se le llama va no sé cómo. Hemos permitido que los servicios públicos llamen ‘clientes’, ¡Por amor de Dios! ¡Es que estamos descafeinados! Hemos adecuado un discurso hacia fuera que nos ha hecho olvidar el discurso hacia dentro.

Inma es poseedora de un currículo extenso, su trayectoria profesional es incuestionable. Trabajó como técnica de formación en CCOO de 1978 a 1985, simultáneamente fue presidenta del Comité de Empresa de CCOO del País Valenciano, en 1985 entra de interina en el Ayuntamiento de Valencia, compaginando estos trabajos los fines de semana con cursos de formación para las mujeres de CCOO, de hablar en público. Más tarde es liberada para llevar formación en la FSAP y monta una escuela de preparación para oposiciones. Por todo este currículo y por toda su dedicación durante todos estos años a CCOO, Inma no quiere renunciar al protagonismo que ella y muchas otras mujeres se merecen dentro de la historia de este sindicato. Acabar de una vez por todas con la falsa metáfora de la igualdad.

Hay una cosa que si quiero resaltar: yo he tenido cargos en la Federación Europea de Servicios Públicos y en la Federación Internacional, durante el tiempo que he estado como Secretaria de la Mujer de la FSAP estatal, y quiero decirlo porque los hombres cuando se presentan están un cuarto de hora hablando de sí mismos, de lo importantes que son, y las mujeres vamos con excesiva humildad, y yo en los cursos esos que doy de hablar en público siempre lo digo: «Presentaos, no diciendo: Inma Bernabé, compañera del Sindicato». No, Imna Bernabé en CCOO ha hecho muchas cosas, lo mismo que han hecho muchas cosas muchas mujeres en CCOO, y ya es hora de que seamos visibles, y que una mujer de CCOO de España que se llama Inma Bernabé ha tenido cargos en la Federación Europea de Servicios Públicos y se ha trabajado el modificar los estatutos que empezó una compañera italiana, Ana Salfi, y seguí yo para modificar los estatutos de la Confederación Europea para hacer la paridad en toda la representación de la Federación Europea, y se lo ha peleado en la Internacional de Servicios Públicos, y creo que eso hay que decirlo; y fuí la representante del Comité de Igualdad de la Federación Europea en la CES, que estábamos Rita Moreno por la Confederación estatal de CCOO y yo de CCOO por la Federación Europea de Servicios Públicos, eso hay que decirlo, Que eso es importante y lo digo, no como Imna Bernabé, sino como mujer de CCOO y que quiero (…] tomar con total libertad y sin ninguna humildad la voz de todas esas mujeres que han tenido cargos en CCOO y que incluso desde CCOO se las ha taponado y no se ha dejado que sean visibles y que puedan andar orgullosas diciendo que son de CCOO.

Hoy Inma sigue en el sindicato CCOO colaborando en cursos de formación y, a pesar de las divergencias, sigue considerándolo «mi sindicato».

CARMEN PEINADO (2004)

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