Encarna Barragán Brito

Encarna Barragán nace en Logroño en 1951, hija de un militar demócrata. Estudia enfermería en Castellón. En 1972 se traslada con su marido, médico, a Valencia y en 1973 empieza a trabajar en la Fe. En 1977 trabajan los dos en el actual Hospital General de Castellón. En 1980 es elegida en las listas de CCOO. Ha formado parte de la Ejecutiva de Sanidad y Secretaria General de la Unión Comarcal de les Comarques del Nord. No ha militado en ningún partido. En un sector muy feminizado, su labor sindical ha contribuido a mejorar las condiciones de vida y de trabajo de muchas mujeres. Ha trabajado por abrir las categorías de la sanidad a ambos sexos y por reducir la brecha salarial.

Testimonio recogido y comentado por Alberto Gómez Roda en 2003-2004.

Encarna Barragán Brito nació en Logroño el 12 de diciembre de 1951. Hija de padre navarro y de madre onubense, era la pequeña de cuatro hermanos. Recuerda el fuerte carácter de su abuela paterna, que enviudó, crió siete hijos y murió sin salir de su casa a los 96 años. El padre de Encarna se encontraba en el servicio militar cuando, en Julio de 1936, empezó la guerra civil y se tuvo que incorporar al ejercito del bando insurrecto. Esta circunstancia fortuita afectó también a alguno de sus hermanos, pero en el lado republicano. Peón caminero tras terminar la guerra, conoció a la madre de Encarna en Huelva. Se casaron y él se reincorporó a la carrera militar. El hermano mayor de Encarna nació en Castellón, en un primer destino del padre en esta cuidad, pero los otros tres hermanos nacieron en Logroño. Cuando Encarna tenia ocho anos al ascender su padre en el escalafón militar, la familia se traslado a vivir definitivamente a la capital de la Plana. Encarna recuerda a su padre como un hombre siempre muy activo, incluso después de su jubilación. Durante la dictadura escuchaba la Pirenaica a escondidas, mostró siempre preocupación por defender a los soldados de las injusticias que padecían y luchó contra la arbitrariedad en los ascensos y las promociones. Era “una persona muy democrática”, nunca dictatorial, en contraste con el autoritarismo patriarcal habitual en las relaciones familiares hasta los años 70. Su madre, “mal criadora”, hacia todas las tareas del hogar sin requerir ayuda, para que sus hijos se dedicasen solo a estudiar y labrarse así un mejor porvenir. Efectivamente, un padre inteligente y responsable pero sin estudios -era el mayor de siete hermanos y, al quedar huérfanos de padre, con su madre tuvo que cargar con la responsabilidad de sacar la familia adelante- y una madre acostumbrada a las dificultades -huérfana de madre a los trece años, en plena posguerra, no pudo estudiar porque «vivía en un pueblo y era mujer»– pensaron siempre que “el concepto más importante” era que Encarna y sus hermanos estudiasen, sin discriminación, pues la educación y el trato en la familia era igualitario. El padre, «como buen navarro», era religioso y hacía cumplir a todos con los ritos de la fe católica. La madre también era religiosa, pero no «de misas ni nada de eso». Lo cierto es que, desde los doce o trece años, sus hiljos abandonaron la práctica religiosa.

Al terminar la Secundaria, Encarna tenía la intención de estudiar Químicas. pero aprovechó la oportunidad de la apertura de la Escuela de Enfermería de Castellón, en régimen de internado. Ella fue una de las veinte de la tercera promoción entre el curso 1970-1971 y el 1972-1973. Recuerda la incomodidad y la rebeldía por las Intromisiones de la Jefatura del centro en las vidas de las estudiantes internas, por no hablar de la vigilancia la obsesiva de aspectos como la perfección en el planchado de los uniformes. Encarna vivía todo ello como injusticias contra las que había que protestar.

Los uniformes los teníamos que llevar pulcrísimos, con los manguitos, cnn la cofia; nosotras teníamos que planchar los delantales, con una raya para dentro y dos para afuera. Sobre todo las alumnas, a las alumnas tenían que hacernos a imagen y semejanza de lo que considerasen. Yo recuerdo que allí conocí a quien es mi marido, que estaba haciendo el rotatorio corno Médico Interno Residente, él es pediatra, y entonces los MIR también estuvieron internos dentro del hospital. Nosotras también estábamos internas en el hospital, pero ellos estaban en el sótano y nosotras en la quinta planta, Y recuerdo que pretendían que no quedásemos a la puerta del hospital, sino que nos despidiésemos en Castellón y volviéramos cada uno por separado. Algún castigo me he llevado por no hacer ni caso. Te lo digo por lo que marcan las injusticias. ¡Claro que marcan las circunstancias! ¡con ganas de reivindicar! Yo ya fui delegada de personal, en los cursos de Bachillerato y también en la Escuela de Enfermería; Ya reivindicaba condiciones, porque estábamos en peores condiciones, ante el director, no lo podía evitar. Eso me bajaba las notas.

Encarna aceptaba la disciplina en el aprendizaje del trabajo de enfermeía, y considera que recibió una buena formación como profesional, pero no consentía las interferencias absurdas en los asuntos privados de las estudiantes, todas ya mayores de 18 años.

…aquí, me acuerdo que ya reivindicamos por el tema de las noches, porque nos cansábamos mucho. Nosotros hacíamos jornadas, llevábamos plantas de enfermos completas y las enfermeras tuvimos una reunión con la dirección y ya le planteábamos que era injusto totalmente que nosotros estuviéramos al cargo de una planta sin ninguna enfermera titulada y que además tuviéramos que rotar todas las noches, con la cantidad de horas que se hacían en las noches, y ademas estudiar y estar en las clases.

Su salida del hogar familiar, su matrimonio, la terminación de los estudios de Enfermería, el primer trabajo, la participación en los conflictos políticos del momento y la maternidad fueron todo a la par entre 1972 y 1973. Recuerda las palabras de su padre: “Si te quieres ir con él, cásate”. Se traslada en 1972 con su marido a Valencia y allí hace el ultimo curso de Enfermería Su compañero tenía “una ideología más reivindicativa”, no por influencia de su padre, que era de derechas, sino de su madre, que venia de una familia de militares de alta graduación fieles en la guerra civil al gobierno de la República. Con él participó en las movilizaciones de los MIR. Y tuvieron familia enseguida, a los 25 años había traído ya sus tres hijos al mundo, dos de ellos nacidos en Valencia.

El 8 de agosto de 1973, Encarna empieza a trabajar en la unidad de oncología infantil de la entonces Ciudad Sanitaria la Fe de Valencia. En 1974 su marido termina su formación de MIR y como tal participa en las huelgas de este colectivo. No le dan plaza en Valencia, sino en Don Benito -Villanueva de la Seren (Badaloz), donde en 1975 inaugura la sección de neonatos del nuevo hospital comarcal. Trabajando en Alicante, donde viven activamente las movilizaciones de los trabajadores de la Sanidad al principio de la Transición, nace en 1976 el tercer hijo de la pareja. Rotan por diversos servicios para no coincidir. En agosto de 1977 vuelven a vivir en Castellón, donde ambos trabajan en la Residencia del Sagrado Corazón, actual Hospital General. Su marido opta a la jefatura de sección como pediatra neonatólogo, mientras ella trabaja en prematuros. Coinciden en el mismo servicio con el problema de ser vista y tratada cumo ‘la mujer de…’ Su primera reivindicación personal al llegar a Castellón en 1977 es la reducción de jornada por lactancia materna y la lucha por elegir una guardería bilingüe y laica para sus hijos, por decidir la educación de sus hijos.

…me tocó luchar por otra cuestión que yo no entendía, y es que llego y pido mi jornada reducida por lactancia materna y me plantean que allí no se la coge nadie. Pero a mi me da igual que se la cojan o no, tengo derecho a cogérmela, lo único que tengo que determinar es si es reducción de jornada en media hora o me puedo ir una hora a la mitad de la jornada. Pero que desde luego yo no renuncio a mi derecho y me cojo… incluso notabas que tus compañeras te miraban así… Y ya cogí un día, me siento con ellas y les digo: “No penséis que me la han dado porque soy la mujer del doctor tal. Me la han dado porque son mis derechos y no renuncio a ellos; así que si tu estas en periodo de lactancia y no lo pides, será tu problema”. Y entonces, a partir de ahí las compañeras empezaron a pedirlo también […]. No había una cultura de solicitarlo, se rechazaba de entrada y la gente se adaptaba […] con el concepto falso que tenemos a veces de que parece que le vayas a hacer una faena a tus compañeras porque te vas a ir media hora antes, y claro, como son turnos… Pero los derechos hay que reivindicarlos porque si no, no se puede, y además le estas quitando los derecho a los niños. Por eso te hablo de compaginar.

En 1978 empiezan las asambleas en hospitales en las que los sindicatos ya legales se esfuerzan por organizar a los trabajadores de la sanidad. Recuerda que, cuando se presentaban los sindicatos de clase, fuesen de CCOO o de la UGT, la gente se levantaba y se marchaba. Bien al contrario, en una de las asambleas, ella se levantó, fue a la mesa y pidió la afiliación a CCOO.

…yo era una persona que quizás me vinculaba más a la gente de Comisiones. me gustaba más cómo funcionaba, como trabajaba, yo era una persona con una ideología mas dada a la izquierda; todavía en algunos aspectos me tenía que terminar de definir, pero la verdad es que no sé, siempre lo he tenido muy claro, y además es mi opción de siempre, no de ahora y lo tengo claro, muy claro…

Considera que está en CCOO desde 1980, cuando fue elegida para el comité de empresa (aun no existían las actuales juntas de personal), puesto que antes no se controlaba tanto la afiliación ni el pago de la correspondiente cuota. En aquellas primeras elecciones sindicales en la Sanidad, CCOO y UGT acordaron unirse en una sola candidatura ‘independiente’ con el fin de acumular horas de representación, sobre todo en el colegio de técnicos (médicos, enfermeros y administrativos) mas que en el resto (auxiliares de enfermería). Encarna empezó entonces mas activamente su labor sindical en el hospital, donde en aquel momento solo habla tres personas afiliadas a CCOO.

Nunca ha militado ni ha estado afiliada a ningún partido político, aunque haya participado en charlas, en algún mitin y manifestación. Recuerda que al principio casi todos los militantes de CCOO eran del PCE y se pensaba que ella también era comunista, aunque tal vez su voto fuese otro y nadie se lo recriminaba en el sindicato. Mientras que su identificación con CCOO es prácticamente incondicional, nunca ha tenido claro si militará alguna vez políticamente.

…no estoy afiliada y no me afiliaré mientras tenga un cargo sindical. A ningún partido político. No. Mi ideología es mi ideología, tengo mi libertad de voto y castigo cuando pienso que he de castigar; y es una opción mía. Creo que soy demasiado extrema en ese sentido, pero igual que llevo las incompatibilidades a último extremo… Estuve en algún momento tentada de tener un carnet político, pero decidí que no porque así seguro que no me condiciona cuando tenga que tomar decisiones. Porque a veces son duras. Y lo entiendo, igual que cuando alguien tiene un cargo político, su imagen externa y su discurso, aunque a veces no esté del todo de acuerdo, debe de ser defendiendo su imagen política, creo que en lo sindical nosotros también lo tenemos que tener muy claro que, cuando estamos en cuadros sindicales y se nos ve como sindicato, nuestro mensaje a la sociedad y al exterior debe de ser lo que se ha aprobado en las líneas sindicales.

La Sanidad ha sido un terreno difícil para los sindicatos de clase frente a los corporativos. En las elecciones al segundo Comté de Empresa de su hospital ya no hubo candidatura conjunta de UGT y CCOO. De los 21 miembros del Comité, 18 de los elegidos eran de CCOO, porque en el colegio de médicos y enfermeros solo este sindicato presentó candidatura a los 15 puestos de representación, mientras que en el otro colegio la UGT se llevó tres delegados y CCOO los otros tres. Después llegó la ‘funcionarizacion’ en 1987 y una cierta atomización y disolución de la representatividad al aparecer las juntas de personal y reforzarse la implantación de los sindicatos corporativos, a consecuencia de errores y actuaciones deliberadas para restar representatividad a los sindicatos de clase en las administraciones publicas.

A Encarna le costó aceptar la liberación sindical porque su trabajo siempre le ha gustado mucho. En 1983 le pidieron a ella y a otras dos personas la liberación para la organización de CCOO de Sanidad en las comarcas de Castellón, para ‘crear estructura’. En 1984 se dividió el territorio de la provincia en tres áreas sanitarias, si bien el peso del trabajo de visita a los centros y afiliación lo llevaron desde el área 2 la de la capital de la Plana, aunque cada área tenia su comité de empresa. Ahora hay dos áreas con sus correspondientes juntas de personal. Crearon la estructura de la Federación de Sanidad en las comarcas del norte del País y en la práctica lo hicieron desde la propia sección sindical de CCOO del Hospital General de Castellón. Hacia 1987, Encarna trasladó su actividad sindical a la sede de la Union Comarcal de la Plana Alta-L’Alcalatén de CCOO PV, al asumir funciones de gestión para todo ese territorio como miembro de la Ejecutiva Comarcal por su Federación.

…nosotros en ese momento, logísticamente pasamos de estar en el territorio porque tenemos que manejar toda la estructura y […] nos parece mejor y más accesible el estar en el territorio. Yo formo parte de la Comisión Ejecutiva, empiezas a ver no solo problemas de los funcionarios y sanitarios, sino el resto de problemas desde una perspectiva…. recuerdo las huelgas generales, la del 14-D los piquetes… y empiezas a tener una actividad y a valorar más lo que tu tienes (como sector laboral y organización] […]. Ir reivindicando pero también valorando lo positivo que tienes o de lo que a veces tenemos.

Las reivindicaciones especificas de las mujeres en un sector laboral tan feminizado como el suyo parten de las circunstancias e implicaciones particulares que en el se dan. En enfermería, la lucha contra la discriminación de género consiste para ella en defender una mayor presencia masculina, por ejemplo en ginecología, donde “el jefe de servicio no quería chicos», ya que al mismo tiempo que se daba preferencia a las mujeres en ciertas funciones, ellos ‘al final acababan con los puestos más cómodos o mejores’. Y aunque en la función publica no puede haber diferencias en el acceso, en la práctica observa que siguen predominando los hombres en los cargos directivos de la sanidad. En funciones intermedias y auxiliares se evidencia un progresivo cambio: “Ias pinches eran mujeres, ya hay, hombres y mujeres; los auxiliares de enfermería eran mujeres, ya hay mujeres y hombres; donde todavía se observan pocas mujeres […] es en mantenimiento, que sigue siendo un sector masculinizado». Desde 1996, Encarna se ocupa de cuestiones que afectan al sindicato en su conjunto en las comarcas del norte del País, ya no de forma exclusiva al sector sanitario. Ello le permite una más amplia perspectiva cuando reflexiona con nosotros sobre las actitudes y las particularidades de la acción sindical en la Sanidad como servicio publico.

No hay derecho a la negociación colectiva. […] Cuando […] nosotros empezamos, y a pesar de que vienen marcados por los presupuestos generales del Estado lo que son subidas salariales y determinados derechos, establecíamos una mayor relación entre comité y dirección del hospital para vincular, pues, aspectos organizativos […] Pero ya hoy en día quedan las mesas generales de la función pública, el marco global dentro de lo que es el área pública; después las mesas sectoriales, donde se negocian las condiciones de trabajo. No se negocia en los centros de trabajo. Entonces éstos tienen una visión muy pequeña e incluso muy poco vinculante. Y eso, unido a la atomización [de la representación sindical) que creo que hay en las juntas de personal […], hace que se palpe menos y se perciba menos el tema de la lucha y la reivindicación de los sindicatos respecto a lo que son las condiciones globales. […]

Opina Encarna que en la empresa privada hay mayor disposición a vincularse a las reivindicaciones y a participar en movilizaciones generales de los trabajadores, a pesar de que la amenaza del despido marca una neta diferencia con la función pública. Es cierto que a los funcionarios se les imponen servicios mínimos elevados, pero también cree que incide un cambio de mentalidad en una extendida actitud de “agazapar-se en los puestos”.

En aquella época, cuando hacíamos cualquier movilización, del estatuto o del cambio al sistema funcionarial, cuando convocabas una asamblea no se cabía en los salones de actos. Si hacía falta se convocaba y si [la autorización( nos la denegaban hacíamos encierros dentro del centro; o sea, había un respaldo importante del conjunto de los trabajadores y trabajadoras. Eso no se percibe, eso no se percibe igual, ahora convocas una asamblea y, si hay 30, piensas que ha sido un éxito. Entonces yo creo que eso ha sido debido a que durante bastantes años les hemos conseguido muchos acuerdos sin ningún coste, y piensan que se los regalan y que no hace falta esa lucha reivindicativa. Por eso, de vez en cuando, cuando surge algún movimiento y ves que vuelve a surgir ese espíritu reivindicativo y de lucha, pues te parece bueno, lo que pasa es que tiene que estar canalizado y, si no se canaliza, se convierte en vez de positivo en negativo, porque a veces hay movimientos espontáneos de los trabajadores y, si surgen espontáneamente, es porque no los hemos percibido, se nos escapan, o porque no hemos sabido canalizar bien…

Le preguntamos por la evolución de la afiliación en general al sindicato en las comarcas de Castellón. Advierte que hay que hablar «de cotizantes y no de afiliados» y considera que en la última década la evolución ha sido muy positiva. Sin obviar el problema de asegurar la fidelidad al sindicato asociada a la continuidad en la cotización, que se viene dando en todas partes, confía en una subida continuada de la afiliación cotizante y atribuye los haches que puedan darse a problemas organizativos sectoriales concretos, relativizando los liderazgos personales como factor determinante. Existe una renovación generacional en marcha, aunque en menor medida en el área pública.

Nosotros tenemos mucha gente joven en nuestras comarcas. en general. Quizás se ve menos en el área publica porque es normal: en el área publica, para tener acceso a ella, se llega con más edad y, al principio, cuando la gente es contratada tiene más miedo, desde la interinidad se implica menos, salvo que este en muy malas condiciones, y es gente que vive bastante cómodamente, con Io cual les cuesta mas la implicación. O sea, sacar a alguien del centro de trabajo para que venga a un sindicato a empeorar su calidad de vida.. Porque has que llamarlo así: empeorar su calidad de vida.

De modo que, con la salvedad de la función pública, el cambio generacional es bastante evidente, por ejemplo en la madera y el mueble, en el azulejo o en el metal, donde se está incorporando mucha gente joven. Es ademas un cambio progresivo, no por rupturas como las de antes. En las comarcas castellonenses ya ha habido una ruptura respecto al núcleo histórico originario de CCOO en la Vall d’Uixò vinculado Segarra/Imepiel y a la crisis del calzado en los años 80. Los ‘sindicalistas históricos’ venían de la clandestinidad y, por razones obvias de la persecución de la dictadura contra CCOO, estaban muy politizados. Nos cuenta Encarna que, cuando ella comenzó a implicarse desde su sector, la sanidad publica, esa cultura ya no la percibe. Había poquísimos afilados y es solo la gente externa al sector que se presenta en las asambleas a crear sindicato la que responde a aquella cultura. Encarna tiene claro que recibe del sindicato más que ella le da, le permite abrirse a la realidad social y no acomodarse en la postura del “funcionario complacido”. Destaca que ha vivido en un ambiente [sindical] en el que no se ha cuestionado que fuera una mujer quien entrase” a dirigir la organización. Cuando en el 5º Congreso de 1996 llego a la Secretaria General de CCOO de la Comarca de la Plana Alta L’Alcalatén, la cuestión no era si hombre o mujer, sino de elegir a una persona capaz de formar equipo. En el 7º Congreso se decidió la fusión en una sola organización del conjunto de las uniones comarcales de CCOO del norte del Pais Valenciano. Funcionaban y estaban consolidadas las estructuras de Els Ports-Maestral y de la Plana Alta l’Alcalatén, pero no del Baix Maestrat ni de la Plana Baixa. Le pidieron que asumiese la tarea de la fusión. Atribuye al trabajo en equipo su éxito en consolidar la afiliación, formar estructura y reducir la ventaja de que disfrutaba la UGT respecto a CCOO en Castellón. Encarna Barragán reivindica finalmente la presencia de CCOO en los movimientos sociales y en particular en el movimiento feminista, necesaria para cohesionarlo darle un nuevo impulso después de que este se haya fragmentado mucho desde su emergencia y ascenso entre los años 70 y 80.

ALBERTO GOMEZ RUDA

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