Dori López Romero

Nace en 1958 en Castellón de un padre comunista y una madre de derechas. En 1972 trabaja en una empresa textil ye n 1976 participa en la primera huelga. Miembro del comité de empresa y de la Ejecutiva comarcal. Ha mantenido una pelea con los compañeros para superar la distancia entre el discurso feminista y la práctica, y para incorporar reivindicaciones propias de las mujeres, como más tiempo para conciliar e igualdad de salario.

Testimonio recogido y comentado por Nora Cavaccini en 2004.

Dori López nació en Valencia el 2 de julio del 1958; su familia se mudó muy temprano a Castellón porque su padre, al cual «gustaba defender los derechos de los demás», había encontrado problemas y quería buscarse otra vida en un sitio más tranquilo. No recuerda mucho de sus abuelos: no conoció a los maternos aunque más tarde, cuando va tenía 25 años, se enteró por lo que le contó su madre que el abuelo materno había sido Guardia Civil y que fue fusilado «por parte roja»: «lo vinieron a coger y no volvió a casa». Al contrario, el abuelo paterno, persona «muy severa», estuvo entre aquellos que sufrieron la represión franquista: quizás militó como republicano, aunque Dori no lo sabe con seguridad porque en su casa no se hablaba mucho, cosa que se puede entender por las posiciones tan distintas de sus padres.

Mi madre era de derecha: la guerra la marcó. Pero era una persona muy culta y que ha buscado mucho… Lo que no supo es trasmitírnoslo. […] Cuando hablaba siempre se notaba. […] Era una persona muy rica, muy fuerte y muy práctica. Además, no había tenido la oportunidad [de estudiar] y trabajó desde los ocho años… ella era la ama de casa.

En cambio, el padre de Dori, que trabajaba en el sector de la hostelería, «estaba afiliado al Partido Comunista y a Comisiones Obreras». Este es el recuerdo que ella tiene de su persona.

Mi padre devoraba libros, le gustaba leer y asimilaba mucho. Viajo por el mundo, era una persona que vio mucho del mundo. […] Era culta, claro.. una persona que en un sitio se compra un libro y lee y se queda con lo que esta leyendo… […] Se podía hablar con el de cualquier cosa.

En mi casa era una «guerra», nos cuenta: su padre, hijo de republicanos, tenía una ideología de izquierda, al contrario que la madre. Por eso en su casa se hablaba poco de política: un actitud que, hoy, todavía caracteriza la relación entre Dori y sus hermanos.

De los hijos, la única que tiene ideología soy yo: tengo claro lo que soy. Mi hermana se deja llevar [y] tengo un hermano que Franco estaría contento con él… Con él no solo no puedo hablar de estas cosas… casi no puedo tener conversación. No tenía conceptos, mis hechos eran los que determinaban por donde yo me iba.

No era tan sencillo, como admite Dori misma, formar su propia conciencia en un ambiente familiar de este tipo, donde las chicas tenían que «poner la mesa» mientras el único hijo varón podía «seguir jugando». Además, fue complicado oponerse a una madre tan fuerte, para la cual el leer era considerado una «perdida de tiempo» y que quería que su hija se casara como las demás. Por otro lado, ejercía una fuerte presión la educación religiosa:

[…] Estaba […] en el centro una iglesia que era la más… digamos de más solera, más conservadora. Pues yo recuerdo cuando iba a confesarme y yo tendría… yo fui con diez años, pues tendría siete o ocho… iba con una chaquetita rosa. Pero claro, el cura no la veía… Salió del confesionario para ver si yo llevaba la chaqueta y decía que yo no llevaba, que llevaba las mangas fuera y que no me desmangáis. Pero sí que yo la llevaba .. Y son esas cosas que se te quedan porque es alguien que no me esta creyendo. Yo estoy aquí en un confesionario, con lo que… con lo buena que yo soy, yo no miento nunca, y esas cosas que se quedan. […] Y soy una persona que ha ido a la iglesia hasta hace muy poco, lo dejé porque llega un momento que tus ideas, tu razonamiento va por encima de lo que te pueda marcar.

Eligiendo no formar familia propia, en un sentido «cristiano», Dori se quedó viviendo en casa de sus padres hasta su matrimonio hace pocos años, sin renunciar, sin embargo, a tener experiencias de implicación militante en las problemáticas sociales que se ha encontrado en la vida. Dori se considera en efecto una persona «rara» y que siempre ha tenido «inquietudes». Por ejemplo, dejó el estudio muy temprano, poniéndose a trabajar pero al mismo tiempo «gustándole aprender». Volvió a estudiar después de algunos años para conseguir el certificado que no había podido sacar antes.

Yo dejé los estudios en primaria […]. No saqué ni el certificado de escolaridad y entonces lo que hacía falta era dinero. […] [Luego] yo empecé a estudiar otra vez, trabajar y estudiar. Y me saqué lo que era entonces Formación Profesional de primer grado de Administrativa, simplemente por hacer algo. Pero era muy pesado trabajar y estudiar. […] Tú solo sabías lo que te enseñaban, y quienes te enseñaban se supone que eran los que te enseñaban bien… Pues si no te enseñaban bien teóricamente, tenias todo erróneo, tenías que reescribirte y buscarte como persona, realmente como tú eres.

Después de haber trabajado en una peluquería, Dori entró como aprendiz en un empresa de confección. No le gustaba coser, sin embargo se adaptó muy pronto al ambiente laboral de una empresa que «iba creciendo». Este contacto le permitió familiarizarse con una nueva realidad, marcada por una diferencia sensible entre el tratamiento reservado a los hombres y a las mujeres:

Las maquinas las llevaban todos los hombres […] y ellos cobraban más porque, claro, el hombre es la cabeza de familia y tú no, tu eres una ayuda familiar hasta que te casas. Muchas mujeres se casaron por la dote, por no perder la dote… No pensaban que así iban a perder el salario, el sueldo.

Dori pronto se enteró de las contradicciones en las que se encontraba el sector textil, donde “no habían empresarios pero jefes» y, pronto, empezó a criticar la forma de actuar con los trabajadores y de no hablar con ellos. Esta conciencia, junto a la determinación de su carácter -«yo cuestiono mucho las cosas y cuando creo que tengo razón, defiendo mucho lo que yo creo»- contribuyeron a acercarla a la realidad sindical. Al principio no tenía buen conocimiento de Comisiones; su curiosidad y la voluntad de seguir estando activa, facilitaron el primer contacto.

Yo entre en el año 72 a trabajar, creo que fue en el 76 cuando se hizo la primera huelga ilegal en el textil. Tenía clarísimo que iba a salir, ahí fue mi primer contacto con el Jurado de Empresa. Yo estaba activa, yo no era pasiva, yo si quería hacer algo lo hacía. Entonces Castellón era una zona muy… muy, ¿cómo te diría yo? pues una zona que era muy labradora… Allí los movimientos industriales no existían. La gente era muy cerrada, no había un movimiento real […]

Yo Comisiones lo conozco por inercia, es decir, por mi trayectoria y porque unos compañeros vinieron a hacer las elecciones, no había candidatos… Yo, como he dicho, soy curiosa… iba a ver qué pasaba y de qué se iba a hablar. Me pareció que estaba bien lo que estaban diciendo y me pareció que no podía ser que en una empresa tan grande, siempre ha sido una empresa grande de las de 100 trabajadores, no hubiera nadie que se quisiera presentar. Así fue intentarlo y entré en Comisiones como una trabajadora sin afiliar, sin conocer el sindicato, sin tener idea ni siquiera de sus orígenes.

Poco a poco, de ser una realidad casi desconocida, el sindicato empezó a devenir para Dori una fuerte referencia. Si antes salía muy poco de casa, ahora comienza a frecuentar asambleas, a relacionarse con otra gente y con el movimiento feminista. El sindicato representa también una manera de «sentirse útil»; y un «escape» de sus problemas.

La verdad es que no entre con ningún objetivo entonces, yo entré por curiosidad. […] El sindicato para mí ha sido una apertura, una ventana, a partir de la cual yo he visto mundo. Hasta entonces yo no tenía un mundo, era mi casa, mi trabajo, mis pequeñas inquietudes de haber estudiado… A mi esto no me llena, es alienante estar ocho horas mirando la máquina y el trabajo es muy alienante… Entonces […] yo buscaba fuera eso […]. El sindicato me ha llenado de contenido, me ha hecho lo que soy.

Dori, que se ha casado hace poco con un sindicalista y que, dentro del sindicato ha tenido distintas tareas, aunque siempre en la Ejecutiva, recuerda felizmente la satisfacción de verse valorada, de compartir con otra gente esperanzas y reivindicaciones, De no quedarse sola. Nos cuenta que el tema del aborto y de la discriminación salarial fue objeto y argumento de una gran “movida”, intelectual aunque, dentro del sindicato mismo, existían desigualdades entre los discursos que afectaban a hombres y mujeres. Recordando, casi sin darse cuenta, ella misma habla de los hombres como de «ellos» y de las mujeres como de «nosotras»:

El problema era en las plataformas, porque ahí nuestros intereses no eran sus intereses. Los intereses de los hombres eran dinero ya y punto; nosotras en permisos, tener derecho a salir, tener ciertas cosas que ellos no veían, porque ellos no necesitaban tiempo… […] El tiempo les daba igual porque era para trabajar y si no, para ir al bar, y nosotras no teníamos esa tendencia, no teníamos la misma visión […] Ellos no tenían ningún interés, que una cosa es que tú puedas trabajar, reivindicaras en la empresa, y lo que reivindicaras en casa. Entonces hubo una batalla muy cruel y ahí se perdieron muchas mujeres, porque al final tenían que decidir entre su familia y sus ideas.

En este sentido, Dori hoy valora mucho la actividad de la Secretaría de La Mujer, para ella es una de las secretarías más «importantes». Sin embargo, en general, considera que las mujeres con el tiempo han conseguido mucho en lo “legaI” y menos en Io «real». Considera también que el sindicato ha perdido un poco la relación con la «calle»: ha crecido, pero mucha gente se encuentra con un ideología menos fuerte que en el pasado. Dori, que volvió a la universidad también con ganas de conocer y valorar la historia, piensa que mucho ha cambiado en el sentido de la gente misma.

La gente ahora tiene cosas, ahora tiene miedo de perderlas. [..] Viste de marca, ¡pero de marca, marca, eh! La mayoría lleva los niños al colegio concertado o privado, […] o tienen el piso y el apartamento, o tienen el piso y el chalé. […] Estamos en un periodo muy pacífico, no muy pacífico en cuanto a ambiente… pero la gente se ha creído que estábamos bien y que España iba bien y no ha habido nadie que diga lo contrario.

Actualmente Dori trabaja para «no perder lo que tenemos», para que no se pierda lo que se ha conseguido ideológicamente, y no materialmente. Y lo hace a partir de una convicción: «si quieres cambiar algo tienes que estar dentro, fuera no puedes, es imposible”.

NORA CAVACCINI (2004)

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