Cristina Verdugo Martí

Nace en 1953 en Rocafort, Valencia. Estudia bachiller en el instituto San Vicent Ferrer. Establece contacto con la actividad política clandestina en la facultad y en el barrio de Benimaclet en 1974 y entra a militar en la OPI. Su organización la destina al frente obrero, así que consigue ingresar, desde su creación en la Ford, donde desarrolla un intenso y conflictivo trabajo sindical, comenzando por las primeras movilizaciones de 1977. Tiene que pelar para que los sindicalistas varones del Metal se tomaran en serio a las mujeres. Forman un grupo de Mujeres de Ford que consigue introducir algunas reivindicaciones en los convenios y participa en la Coordinadora y en la Asamblea de Mujeres, organizando movilizaciones y campañas del movimiento feminista. Finalmente trabaja en la empresa pública Vaersa hasta que realiza un ERE.

Testimonio recogido y comentado por Juan Pradells en 2004-2005.

…bueno, pues yo recuerdo una infancia feliz, pero con mucha responsabilidad, porque [es) lo que nos toca siempre a los hermanos mayores, ¿no? hacerse cargo de los hermanos pequeños. Entonces mi vida… sí que ha estado marcada por la excesiva responsabilidad. Ese es uno de los bagajes que… quizás… más arrastro…

Así comienza, poco más o menos, a narrar Cristina Verdugo sus andanzas en la Valencia de su infancia. Su padre es propietario de una pequeña industria y ella se reconoce como perteneciente a una familia de clase media bien situada. Según su recuerdo, «vivíamos bien». La descripción que a continuación reseñamos sobre la actividad de la madre puede resultar ilustrativa de las concepciones que, en la época, se sustentaban sobre los roles o modelos de género femenino asignados a las mujeres. Cuando se le inquiere en relación con el trabajo de la madre, la respuesta es:

Mi madre no, mi madre trabajó hasta que se casó. Mi madre era enfermera, era ATS, pero cuando se casó, pues, me imagino que por las historias de la época, mi padre no quiso que continuara trabajando y dejó de trabajar. De hecho, ya cuando había nacido mi hermano, cuando ya tenía dos hijos, tuvo oportunidad de volver a trabajar porque nos trasladamos de vivienda a Monteolivete, que era donde estaba el Centro de Salud que se abrió allí y le ofrecieron trabajar, y mi padre pues, se ve que no le hizo ninguna gracia y al final la mujer desistió [sonríe].

La educación es otro de los aspectos que imprimen carácter y mucho más, dada su excepcionalidad, en la España del franquismo. Cristina no acude, por deseo de sus padres, a un colegio religioso. Sería lo más previsible, dada su extracción social.

…las niñas de aquella zona, […) la gente envió a sus hijos a los colegios religiosos. Entonces yo tenía el Loreto, que estaba cerca pero, como había que cruzar Peris y Valero y era una zona muy peligrosa de tráfico, pues mis padres decidieron que no, que me mandaban a un colegio que estaba más cerquita, que era laico…

La formación que recibe en este colegio no es exclusivamente laica. Ella misma indica que hay un mínimo de formación religiosa, «muy ligth». No se les obliga a ir a misa, pero se respeta el ‘Mes de María’, el de las ‘flores’. Es una educación que, según ella misma expresa, resulta bastante acorde con la que le toca digerir en su entorno familiar:

…no se nos obligaba a ir a misa, nada de eso, yo no lo he vivido en mi infancia, afortunadamente, siendo la mayor de mis hermanos… En mi casa eran tradicionales, eran muy tradicionales. Mis padres para eso eran de los de, bueno, pues a las nueve en casa y salir por las noches no.

La madre de Cristina pierde a su padre en plena contienda civil. Es una mujer que, según el recuerdo de Cristina, detenta importantes compromisos cristianos, es practicante y cumple con las normas sociales al uso en la época. Sin embargo, el padre es definido como ‘anticlerical’. Cuando se refiere a su persona lo define así:

…mi padre, vamos a ver, él es un hombre de posguerra. Entonces, claro, es una generación muy determinada. Es la generación del silencio porque él sí que es hijo de anarquista. Mi abuelo es, fue uno de los primeros carnets de la CNT en Madrid y, como ellos eran emigrantes, […] aunque mi padre nació en Valencia, pero mis abuelos emigraron de Madrid aquí, […J en un ambiente totalmente condicionado por la posguerra, de pasar hambre, de pasar privaciones y la adscripción política de mi abuelo, pues, totalmente oculta.

Su infancia y pubertad la piensa en clave de responsabilidad, de encargarse y responsabilizarse de sus hermanos. Cuatro hermanos entre los que señala, muy especialmente, al pequeño. Aunque, cuando se le insiste, no es el pequeño sino el segundo entre cuatro hermanas. Un chico que, siguiendo los cánones educativos del momento, ni pone ni recoge la mesa. Son los roles predominantes en las familias españolas de aquellos años y, como expresa Cristina, era en gran medida la madre quien apoyaba estos comportamientos.

En esta etapa, la educación comporta habitualmente una separación de sexos que, en el caso que nos ocupa, resulta bastante radical. Las ‘chicas’ de aquella hornada estudiaron bachiller -estamos refiriéndonos a la enseñanza pública en Valencia- en el Instituto San Vicente Ferrer. Los ‘chicos’ lo hacían, en las mismas condiciones, en el Instituto Luis Vives. Los sexos permanecían adecuadamente separados. Son los dos primeros centros de enseñanza media de la ciudad de Valencia, aunque ya en esa década, los sesenta, el empuje demográfico comportará la apertura de otros institutos públicos, como el Sorolla en el Distrito Marítimo y el Benlliure en la calle Alboraya, en los que la enseñanza ya tiene carácter mixto.

En este centro cursa todos los estudios que le corresponden hasta llegar al PREU, que suponía el acceso a la universidad. Son los momentos en que, en la enseñanza media, se empiezan a elegir delegados. La movilización es un reflejo del movimiento estudiantil de la universidad. Cristina se relaciona ya con gente que, tal y como nos manifiesta, está implicada en política: «Concha Fondo, una compañera mía».

En esta etapa del instituto, ya hacia el final, se produce un descubrimiento de unas nuevas realidades en la esfera de la política que rompen con la etapa anterior. Es como descubrir algo nuevo.

Se vivía… vamos a ver. Se vivía de una manera muy difícil. Primero porque todo era clandestino, todo era secreto. Luego, al mismo tiempo, en la medida en que tienes, en que en casa no te facilitaban nada de eso, pues se llevaba todo, vamos, bajo manga, con… Vas descubriendo cosas y no las compartes porque piensas que puede ser motivo de conflicto; porque claro, con mis padres de política nunca se había hablado […]. Sí, sí, sí, es una generación de miedo y entonces, claro, todo lo que vas descubriendo te lo vas quedando y lo compartes pues con la gente, con los amigos y con las amigas, ¿no? Con los compañeros y compañeras con los que en ese momento empiezas a… a entrar en un mundo distinto del que hasta ese momento tenías.

Son los momentos, hacia el final del franquismo, en que en los estudiantes empiezan a plantearse elecciones democráticas para designar delegados.

Elegimos una delegada de clase. Nos reuníamos a veces porque no nos gustaba, pues, cómo determinadas cosas se nos daban. Nos rebelamos: «Si una lo dice, a una no le harán caso, pero si lo decimos todas…»

El fin de la enseñanza media coincide con la etapa de pandillas de chicos y chicas que la misma Cristina define como «cosas hormonales […] en las que no nos planteábamos grandes, vamos, ni grandes problemas ni grandes intrigas. Eran relaciones, yo las recuerdo bastante naturales, o sea,[…] con pocas intrigas. [Con complicidad] ‘Ay, si nos vamos a ir aquí, y mi madre no sé si me dejará, ¿no? ¿y la tuya?’»

El salto a la universidad se produce en 1974. Cristina se matricula en Filología y comienza una relación con un chico, funcionario de telégrafos, estudiante de psicología. Son disciplinas que se estudian en un mismo centro, nos referimos al antiguo campus de Blasco Ibáñez. Allí coinciden diferentes ramas de humanidades en una etapa realmente convulsa del movimiento estudiantil. En el curso 1973-74 se han producido los más de doscientos expedientes que supusieron la no matriculación de otros tanto estudiantes ‘castigados’ por no afectos al régimen. En este contexto se matricula Cristina Verdugo en la universidad valenciana.

Yo entro en un círculo del PCE en la facultad, al que venía Carlos Martínez [Llaneza] […]. Bueno, antes de entrar en el círculo del PCE, yo empiezo a tener contactos, porque el hombre este con el que yo salía vivía en Benimaclet […]. Era un chaval joven, pero era funcionario de Telégrafos y quería hacer psicología y se matriculó en psicología, y él entra con gente del MC [Movimiento Comunista] a montar la comisión de barrio de Benimaclet. La primera comisión de barrio que surge en plena clandestinidad y yo empiezo a tomar contacto también. Al mismo tiempo que entro en la facultad en un círculo del PCE, entro en la comisión de barrio. Entonces aparece mi primera vinculación, no en reuniones sino en actos puntuales como la tirada de panfletos.

En esta primera etapa de aprendizaje político, Cristina reconoce una cierta admiración por los estudiantes ‘proletarizados’, muy en boga en aquellos momentos.

…ellos eran los obreros, podían ser estudiantes y podían proceder de familias cargadas de dinero, pero los auténticos obreros eran ellos. […] La gente que trabajaba era mucho mejor organizadora de algunas cosas que la gente que éramos estudiantes nada más. […] Y tenían un sentido de la organización más estricto y, yo creo que más, más fácil y más asequible para todo el mundo.

El ocio, al igual que su percepción social y política del entorno, también experimenta grandes cambios. Las pandillas de chicas y chicos en las vacaciones de verano y Pascua, en el entorno de la segunda residencia familiar en Chiva, y en las que, según ella misma recuerda, no se respiraba ninguna atmósfera relacionada con culturas alternativas a las del régimen franquista, ahora son sustituidas por el cine comprometido del momento.

…mi ocio era mucho cine, de hecho este hombre [refiriéndose a su compañero] era un cinéfilo tremendo […]. Íbamos mucho al cine, teatro también, todo lo que podíamos porque, vamos, él tenía más dinero que yo pero tampoco era cuestión… siendo yo muy independiente… El cine Xerea era uno de los (preferidos, y también] el Teatro Princesa. Todo el cine de arte y ensayo y después lo que era, los cineclubs, incluso de las parroquias. En Monteolivete, de hecho en la parroquia de Jesús Maestro, había un cineclub, el Magíster creo que era, fabuloso. […] Yo he visto cine, desde el cine de Bergman hasta… no sé, por irme de extremos, ¿no? […] hasta películas sencillas.

Su incorporación a la política activa se produce entre 1974 y 1975 y lo hace a través de la OPI [Oposición de Izquierda del Partido Comunista de España], un pequeño grupo pero con una fuerte implantación en la universidad valenciana, escindido del PCE tras el 8° congreso de esta formación política. Como era habitual, su actividad militante no se centra en el movimiento estudiantil sino que es dirigida al movimiento de barrios, en su caso al de Benimaclet. Los partidos de izquierda -cuanto más a la izquierda más se acentuaba esta estrategia- solían centrar su actividad en lo que se conocía como ‘frente obrero’. Cuando, como en los casos de militantes estudiantes, no podía ser así, el referente lo constituía el ‘frente de barrios’. Sobre esta etapa Cristina la rememora:

…con mucha alegría y además con conocimiento de gente fabulosa. […] En ese momento estaban Miguel Albuixech, Fina, su compañera, Pepe Cabrera, Marga Sanz. […]. Entré en el movimiento de barrios pero también yo formo parte, me relaciono con ellos, como yo era un poco más joven, de un grupo juvenil que se monta allí en el barrio, en el Patronato de la Juventud Obrera, montamos un club juvenil. Primero lo intentamos vincular a la iglesia, pero la cosa salió muy mal porque el cura de Benimaclet era fascista absoluto (lo doce sonriendo), y nos lo montarnos independiente y hacíamos videoclub y esas cosas. Teníamos un grupo de jóvenes […] para sumar jóvenes a la causa [riendo].

Había que buscar trabajo para ganar autonomía y Cristina se embarca en diferentes aventuras laborales; una naviera francesa, los primeros montajes feriales de lberflora y unos meses de estancia en Londres son su primer aprendizaje laboral que le permite, entre otras cosas, conseguir un bagaje de conocimientos, especialmente en materia de lenguas, que resultará fundamental para sus experiencias posteriores. Tras su regreso de Londres

...se está construyendo la factoría de Ford y había un grupo de gente que estaba […) encargándose de organizar la estructura administrativa de lord. Y dió la casualidad de que uno de estos técnicos que vino era un chaval español pero que vivía en Alemania, […] era vecino de mis padres. Cuando surge la oportunidad, le digo: «Oye, ¿van a contratar gente?» «Sí, pero, ¿tu nivel de inglés?» «Mi nivel de inglés fabuloso». Y entonces me contrata la Ford para el departamento de traducción. Yo entré de traductora en Ford […] y estuve en las oficinas, de Pascual y Genís, la factoría aún no estaba acabada y en marzo o así del año siguiente es cuando nos trasladan a la factoría…

No es la Ford una empresa que pueda considerarse clásica de la industria valenciana. Muy al contrario, esta empresa multinacional, de origen estadounidense, ha buscado entre diferentes opciones en Europa una ubicación adecuada para su nueva planta de fabricación de vehículos. En aquellos momentos se valoró por la Ford, según lo entendía la izquierda política clandestina, la importancia de contar con una mano de obra sometida a una legislación laboral autoritaria que no permitía su organización autónoma, la carencia de sindicatos de clase legalizados y una mano de obra bastante más barata que la de sus homólogos europeos. A estas consideraciones cabría sumar la pleitesía que las autoridades políticas del último franquismo rendían a cualquier Mr. Marshall proveniente de ultramar. Las licencias de actividad y las expropiaciones de terrenos para emplazar las inmensas instalaciones se solventaron con tal rapidez que deberían figurar en cualquier manual dedicado a la excelencia en el derecho administrativo. En esta empresa las relaciones laborales son especiales. Cristina reflexiona en torno a los porcentajes y especificidades entre hombres y mujeres y, en esa dirección, declara: «…siempre hay determinadas relaciones de subordinación porque los jefes, y más en este caso, eran hombres la mayoría, y extranjeros, claro, alemanes y americanos. Estos compañeros son muy rígidos, muy rígidos y además muy machistas».

Como ya hemos indicado anteriormente, el ingreso de Cristina Verdugo en la empresa Ford supone un gran aliciente para la formación política de la que es partícipe. Todos los partidos de la izquierda siguen atentamente el proceso de contratación de Ford. Se trata de poner una pica en la primera gran empresa del ‘Gran Metal’ valenciano. Por delante de Macosa, Unión Naval de Levante, Elcano o Altos Hornos del Mediterráneo, se está gestando una nueva empresa que va a concentrar, a escasa distancia de Valencia, a más de 7.000 trabajadores del sector secundario.

…se me pide que me involucre en el mundo del movimiento obrero, y entonces dejo la lucha de barrios. Dejo el barrio y me implico en la Ford […]. El partido me indica la necesidad de… de que pase al movimiento obrero, que sigue siendo el frente más importante del partido. Lo que pasa es que el frente de barrios pues, se dice que… que no es tan de clase como el movimiento obrero, que precisamente la lucha de barrios es una alianza de todos los sectores de la pequeña burguesía y es también… Ese es el lenguaje de la época. A principio de 1977 hay un movimiento de toda la gente que estábamos organizados en la Ford y planteamos una alternativa a los enlaces sindicales y hacemos unas elecciones libres sin que los sindicatos estén aprobándose. Una plataforma con delegados sindicales sin adscripción […]. Una asamblea de delegados donde somos los interlocutores en ese momento ante la empresa para atender a los trabajadores.

La lucha política entre las diferentes tendencias que inciden en el movimiento obrero del momento se hace especialmente patente en esta empresa. Todos los grupos de la izquierda quieren hacer valer su voz mientras que las relaciones de género en el órgano de representación de los trabajadores también empiezan a sentirse de una forma diferenciada:

…yo era de las pocas chicas que estaban en esa asamblea, en ese comité, le llamábamos comité […] Éramos pocas chicas, pocas mujeres. Entonces ahí eran todos muy, muy chicos, ¿no? Muy machos [afirma con sorna] […] Además, era un escándalo cuando había una asamblea. Las chicas no podíamos subir a hablar porque se montaban unas broncas… [riendo]. Entre que éramos pocas, con poca voz y encima allí arriba, se montaban unas broncas tremendas. […] En cuanto a política, yo creo que no teníamos grandes problemas en el trabajo. Y eso que allí estábamos desde las opciones cristianas, las plataformas anticapitalistas, ¡tela!, las dos ligas, […] el MC, el Movimiento Comunista, el PCE, que yo ya no estaba en el PCE y encima fueron los que más me putearon en la factoría [advierte divertida y riendo], mis propios compañeros de CCOO, porque en teoría, como yo ya no estaba en el PCE al entrar en la OPI, pues era de las ‘traidoras’. Entonces yo llego a tener mejores relaciones políticas con gente del MC que con gente del PCE. Y de hecho hubo una época en que yo pedí vacaciones sindicales porque estaba muy agotada y me dijeron que no, que lo dejara, y dije que no lo dejaba.

Cristina se refiere a las luchas intestinas entre las diferentes alternativas sindicales y politizas, y cómo la dirección de la empresa intuye y manipula esta situación.

…la Ford era una empresa que no vino de pardilla. Detecté una experiencia pues eso, de los Estados Unidos, de Alemania y de Inglaterra. Ha negociado con todos los sindicatos. Está acostumbrada a negociar con todos los sindicatos en todo el mundo. Entonces llega la factoría a España y bueno, pues primero la permisividad que tenemos cuando se monta esa especie de asamblea de delegados. Es decir, en plena clandestinidad la empresa nos facilita o nos permite que ya no haya enlaces sindícales y lo que hagamos de excepción sea una representación de acción democrática… porque los sindicatos están en la clandestinidad. Luego permite que los sindicatos ya legalizados tengan su representación y empieza una jugada tremenda… De hecho, todos y cada uno de nosotros, las fichas de personal -eso nos lo contaron después-, en las fichas de personal que tenían en sus archivos estaban todos los detalles de nuestra vida. Todos absolutamente.

…luego ya, conforme vamos evolucionando y va pasando el tiempo, pues nos dimos cuenta de cómo la empresa empieza a trabajar para que lo que se quede aquí como representación sindical legalizada, o sea, los sindicatos, sean sindicatos de clase pero de orden, con los que pueda tener interlocución válida. No quiere indeseables ni sindicatos minoritarios, ni gente díscola. Entonces, de hecho la famosa huelga es una huelga provocada.

Son las primeras movilizaciones en la principal factoría del metal del País Valenciano. De hecho, cuando el Ford Fiesta número 1 sale de la cadena de montaje, Juan Carlos I acude al evento y es saludado por los trabajadores de CCOO con pegatinas que lucen la cuatribarrada y exigen derechos para los trabajadores. Este es el recuerdo Cristina que liga directamente con los preparativos de una conflictividad de alto voltaje que vendrá a continuación.

Las negociaciones de los convenios colectivos a estas alturas de los setenta, nos referimos al final de la década, estuvieron altamente influenciadas por diversos factores como la irrupción de una fuerte inflación -en el argot del momento se adjetivaba como ‘inflacción galopante’-, los acuerdos entre agentes sociales y políticos que limitaban la autonomía negociadora de las partes -en este momento estamos hablando de los Pactos de la Moncloa, aplaudidos o criticados en función del analista y su perspectiva-, a la correlación de fuerzas sindicales y/o políticas actuantes en cada sector o empresa. La Ford se manifestó como una especie de laboratorio de pruebas para estas nuevas experiencias. Para Cristina, el asunto se fue de las manos:

…cuando tenemos a la gente convencida en la asamblea para hacer una huelga, pero una huelga corta de 24 horas, una cosa así, nos aparece alguien en nombre de UGT; hace el discurso más provocador e incendiario que he oído en mi vida y hace que la asamblea decida que va a una huelga indefinida […]. Un dirigente de UGT que no conocíamos casi nadie se destapó en ese momento. (Las reivindicaciones] eran fundamentalmente cuestión de organización de los ritmos de trabajo y demás, además de salarial. El salario está siempre, ¿no? pero fundamentalmente de los ritmos de trabajo en las cadenas y luego, pues la bronca siempre entre oficinas, y salta la huelga indefinida. Cierre empresarial, policía… En esa huelga es donde la empresa hace su mejor jugada asociada a la [organización) empresarial y hace un despido de creo que setenta y tantas personas, setenta y siete o así. Una burrada. En ese saco entran, además de los sindicalistas indeseables, todos aquellos holgazanes que no quería la empresa y que por cualquier razón le molestaban. De un plumazo…

En este despido masivo, siguiendo la memoria de Cristina Verdugo, fueron incluidos dirigentes sindicales como Vicente Sanz, Femenía, Salvador Barber y un largo etcétera. Algunos fueron acusados de sabotaje y su despido se declaró procedente por la Magistratura de Trabajo en una actuación sospechosamente dudosa de esta especial judicatura. La mayor parte de las sentencias fueron favorables para los dirigentes sindicales, pero la empresa, utilizando recovecos legales, se negó a la readmisión. Acampadas y huelgas de hambre en la explanada de entrada a la fábrica fue la respuesta de algunos de los represaliados.

…una huelga muy dura, [duró] veinte días. […] Se planificaron todo tipo de acciones. Entonces desde, por barrios, la gente nos íbamos […]. Cuando hay una huelga así de grande y que afecta a tantísima gente, pues lo importante es empezar a organizar que toda la gente esté involucrada, esté trabajando, sea solidaria para conseguir que la organización obrera… Ahí las Plataformas Anticapitalistas y los cristianos trabajaron muchísimo. Eran gente con una capacidad, de verdad, tremenda. De organización y de ese tipo de cosas. Sí, sí, que sí, colaboraron muchísimo en organizar pues eso, desde servicios de comedor, buscar iglesias donde reunir por barrios las asambleas de trabajadores y estar constantemente informados y se montó una red. Yo creo que era una experiencia absolutamente fabulosa.

La represión policial era una constante que se presentaba en cualquier movilización obrera o de otro tipo en aquellos años. Los trabajadores de Ford fueron acosados constantemente en esta y otras movilizaciones. Cristina recuerda como, tras una concentración en la localidad de Silla, los propietarios de un bar la pusieron bajo su custodia, escondiéndola debajo de la barra de su establecimiento, tras una desmedida actuación de las, recientemente incorporadas a la democracia, fuerzas del orden. A estas alturas, lo que parece bastante claro es que la huelga y la represión posterior ha servido para clarificar el panorama sindical. Es lo que Cristina define como ‘reordenamiento’. Los elementos más ‘radicales’ de CCOO son despedidos, al igual que determinados independientes. «La bronca de la CNT, la separación de CNT y CGT», en palabras de Cristina, es otro de los parámetros que marcan la vida sindical en una Ford tan altamente politizada y sindicalizada. En estos momentos de transformación política, de cambios, las alternativas sindicales para el mundo empresarial pasan, según la reflexión de Cristina, por otras opciones:

…una empresa de las características de la Ford necesita un sindicato pues como la UGT. Es decir, sí, que sea un sindicato reivindicativo, que planta cara en un momento determinado, pero que políticamente tiene opción […] Los presupuestos políticos para una empresa como Ford, pues los que plantea UGT son mucho más asequibles que los que puedan plantear CCOO. CCOO se ha basado siempre en un sindicalismo político de incidir, UGT no. UGT habla de lo que es el momento sindical y de las reivindicaciones de los trabajadores; y en eso la Ford entra perfectamente. Ahora, no le muevas la situación política en la que está asentada, porque entonces claro…

En esos momentos, cuando la actitud reivindicativa en la empresa alcanza uno de los puntos más álgidos, las reivindicaciones específicas de las trabajadoras no dejan de aparecer.

Bueno, el caso es que empezamos a trabajar el tema de las mujeres, teniendo en cuenta que éramos un 25% del total de la plantilla y viviendo situaciones duras […]. De hecho, apareció un grupo de mujeres desde allí que nos vinculamos con la primera Coordinadora Feminista como Mujeres de Ford, y representábamos, hacíamos reuniones con las compañeras de oficinas y de la planta de tapicerías, que es donde estaba concentrado el mayor número de mujeres. Entonces nos planteábamos reivindicaciones, es decir, el tema de la guardería de empresa, […] el tema de los reconocimientos médicos, el tema del centro médico, […] que no hubiese reconocimientos específicos para las mujeres…

En su esfera personal manifiesta que no ha sentido discriminación salarial por cuestiones de género. Considera que la procedencia foránea de la empresa ayudó a que esta circunstancia no fuera determinante en esa línea. Del mismo modo, no ha encontrado especiales problemas con sus parejas. Estas, según sus manifestaciones, se han mostrado ‘cómplices’ de sus actividades políticas. Nunca ha querido aceptar responsabilidades políticas o sindicales que fueran más allá de la empresa. En aquellos años resultaba bastante habitual que los dirigentes sindicales de las empresas más o menos importantes dieran el salto y pasaran a integrarse en la estructura sindical, en el ‘aparato’ de la federación o de la organización territorial correspondiente. En 1985 solicita la baja voluntaria en Ford. En aquellos años estos ceses están incentivados y pasa a trabajar en una naviera que mantiene una actividad laboral relacionada con el puerto autónomo de Valencia. En esos momentos, e incluso más en los posteriores, Cristina sigue manteniendo una relación directa con el movimiento vecinal e, incluso, con el feminista.

…yo en la Ford me vinculo al movimiento feminista. En la Ford se crea, vamos, el grupo de Mujeres de Ford y empieza a tener relaciones con la Coordinadora Feminista, luego con la Asamblea, entonces intervenimos. […] …entonces mi trabajo en el movimiento feminista empieza ahí también. …en realidad en Benimaclet yo he estado siempre, nunca he dejado, con más o menos presencia, según las épocas, pero siempre estás en Benimaclet, […] con el movimiento vecinal y con implicaciones en la cuestión feminista. Eh, menos el tiempo que estoy vinculada a la Federación de Asociaciones de Vecinos.

En la década de los noventa, Cristina Verdugo se reintegra en el PCE, versión Izquierda Unida y, de nuevo, cambia de trabajo. En 1993 se incorpora a la plantilla de Vaersa, una empresa pública dependiente de la Conselleria de Obras Públicas, dedicada a la gestión de actividades relacionadas con el medio ambiente. Desde esta empresa sigue trabajando, de modo independiente, en actividades sindicales.

…yo siempre he intentado escapar de lo que fuera tener un trabajo sindical remunerado o político […]. Por mil historias, ¿no? No me he querido dedicar a trabajar sindical y políticamente y que mi salario dependiera de ello, porque bueno, me encontraba con muchos ‘fregaos’ de mucha gente que incluso se ha ilusionado, que ha hecho un buen trabajo y después, por aquello de que la gente de la izquierda tenemos que [no] apalancarnos en los puestos, tenemos que tener suficientes recursos como para saber que los cargos que ocupas los ocupas un tiempo y después tienes que salir y buscarte la vida. Es decir, no he querido entrar en esos problemas que te marcan de alguna manera.

En el transcurso de la entrevista, Cristina ha vertido diferentes opiniones que pueden dar indicios de su manera de interpretar ‘su’ tiempo. Hay un momento en que se le interroga sobre la prevalencia que puede existir entre conciencia política y conciencia feminista. Probablemente la pregunta no es muy afortunada desde una perspectiva conceptual, pero la respuesta es palmaria: «Política más que feminista. La feminista es un aprendizaje». Por último, cuando le pedimos que valore su opinión al respecto del trabajo que intentamos desarrollar, la respuesta es también concluyente: «Hay que hacer esto con las mujeres que han contribuido a hacer esto».

JUAN PRADELLS (2004-2005)

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