Carmen Bravo Sueskun

Secretaria Confederal de la Mujer de CC.OO. de 2004 a 2013. Mandatos del 8º y 9º Congresos Confederales de CC.OO.

Desde la perspectiva que hoy tenemos, podría decirse que he sido una activista, ya que he participado en el movimiento feminista, sindical (antes lo definíamos como “obrero”), vecinal, político, estudiantil, etcétera. Esto visto así, podría parecer que no hacía otra cosa, pero no es cierto; también trabajaba y además estudiaba, lo que ocurre es que en ese momento de la historia de este país –años setenta y ochenta– las movilizaciones y la participación en diferentes asociaciones o partidos era frecuente entre las personas jóvenes que estábamos organizadas en la clandestinidad. Esas mujeres y hombres, jóvenes en su mayoría, participábamos en todos los frentes de oposición al régimen de Franco y como decíamos, “luchábamos por las libertades, la democracia, contra la dictadura y la opresión”. Además de este factor y condicionante histórico, vivir en una ciudad pequeña como Pamplona, nos permitía poder estar presentes en muchos frentes a la vez, también.

El aprendizaje del euskera y la consigna de “Nafarroa, Euskadi da” ocuparon buena parte de nuestro tiempo y riesgo. Pero quizá lo que más ilusión nos producía era “pasar al otro lado” (Francia) a comprar libros y ver películas.

La militancia en el Partido del Trabajo de España (PTE) marcó mi trayectoria en el movimiento feminista, ya que fue éste un partido pionero en debatir en torno a la doble militancia y la liberación de la mujer. Otras mujeres, y yo misma, pronto organizamos una asociación de mujeres muy plural (amas de casa, profesionales, artistas, paradas, etcétera), para luego convertirse en la Asociación Democrática de Mujeres (ADM). En mi ciudad los temas de violencia, agresiones, aborto, divorcio o educación sexual ocuparon un espacio importante entre las demandas del feminismo. Se formó un movimiento feminista muy potente, que trajo aparejado en mi partido y en otros, los debates sobre la convivencia del movimiento obrero y oposición al régimen de Franco, y el movimiento feminista. Fue el inicio de las políticas por los derechos de las mujeres y su liberación.

En el ámbito sindical, también fue temprana mi participación. Fui elegida Enlace Sindical en el año 1971 y al año siguiente formé parte en la organización de la primera huelga que se le hizo a la Diputación Foral de Navarra en el Hospital Provincial. El grupo que organizamos esta huelga fue el embrión de las Comisiones Obreras de Sanidad en Navarra, aunque las protagonistas no lo percibíamos como tal en ese momento. Como resultado de esa huelga logramos bastantes mejoras, pero después la represión y la persecución fueron muy fuertes, también el chantaje, por lo que decidí marcharme al otro hospital de mi ciudad.

Oposité y conseguí una plaza, a partir de ese momento mi actividad sindical fue muy importante en el seno de las Comisiones. Como delegada sindical del entonces conocido y detestado “vertical”, formé parte del Consejo de Trabajadores de Navarra junto a otra mujer, compañera de Sanidad y militante también de las Comisiones Obreras, éramos las dos únicas mujeres entre todos los hombres, más tarde se incorporaron otras dos y nos parecía un montón estar cuatro mujeres entre más de sesenta hombres.

Más tarde dejé de militar en CC.OO. para organizar y constituir la Confederación Sindical Unitaria de Trabajadores (CSUT). En aquel momento creía que se traicionaría a la clase obrera si firmábamos los Pactos de la Moncloa. El tiempo pronto me demostró que estaba equivocada, al comprobar cómo los trabajadores seguían militando en CC.OO. porque entendían que era ése y no otro, el sindicato que mejor representaba y defendía sus intereses. Poco más tarde yo también volvería a Comisiones Obreras, formando parte de nuevo del sindicato que yo misma había ayudado a construir.

Después de más de un cuarto de siglo, vemos cómo hoy las discriminaciones por razón de sexo son las mismas, en origen, que aquellas que veníamos denunciando y combatiendo desde hace tanto tiempo: la salarial; la de representación y participación en toda la organización social, política y económica; la violencia contra las mujeres; la segregación ocupacional, etcétera. Todas tienen su origen en una sociedad sustentada por un modelo patriarcal cuyo fin es el dominio del poder y la exclusión en el acceso del mismo a las mujeres, mediante la discriminación y la doble explotación de clase y género. En fin… ¡avanzamos, pero tan despacio!

¿Cómo explicar si no que el empleo que más crece en nuestro país –además del sector de la construcción eminentemente masculino– es el que está relacionado con el tradicional cuidado y atención a las personas? En los últimos años el empleo crece más entre las mujeres, pero crece bajo unas características que tienen mucho que ver con una sociedad patriarcal; crece el empleo femenino en el trabajo doméstico, en la hostelería, la limpieza, la atención a domicilio, el comercio y grandes almacenes y en las ya clásicas actividades de enseñanza y sanidad.

Entonces, ¿cuáles son las diferencias para las trabajadoras que ocupan hoy estos empleos, con relación a los que teníamos treinta años atrás? Pues varias e importantes: el desarrollo normativo y los acuerdos entre gobierno, sindicatos y empresarios con medidas en torno a la conciliación familiar y laboral, la prevención de riesgos laborales, la protección del embarazo y la maternidad, las medidas contra la violencia de género y por la igualdad de oportunidades y no discriminación, etcétera. Además, hay una diferencia muy destacable entre aquellas mujeres y las de hoy, y es que representan en sí mismas un importante valor por su formación y conocimientos, que sin embargo son desaprovechados sistemáticamente; las mujeres son relegadas a un tipo de empleo en sectores de la economía con menor valor añadido, ocupan los puestos de trabajo de menor cualificación y retribución, y en la actividad económica productiva y de servicios con menor I+D+i y mayores tasas de mano de obra intensiva.

También existe otro factor inexistente en las décadas de los setenta y ochenta: la incorporación de mujeres extranjeras a nuestro mercado de trabajo. Factor que hemos de conocer bien para poder actuar y evitar que se convierta en una nueva causa de desigualdad para el conjunto de trabajadoras.

Pero, además, la temporalidad, la segregación vertical y horizontal, el paro, las condiciones laborales, el acoso y el acoso sexual siguen estando muy presentes. En definitiva la falta de igualdad de oportunidades y de trato entre mujeres y hombres es una realidad muy evidente hoy en España, por eso desde CC.OO. venimos demandando con fuerza medidas que permitan avanzar mediante la negociación colectiva con Planes y Medidas de Igualdad para que estos factores de desigualdad vayan desapareciendo de nuestro mercado de trabajo.

Hace cerca de tres años fui elegida representante confederal responsable de la Secretaría Confederal de la Mujer (SCM). Mi elección y nombramiento en la Comisión Ejecutiva Confederal en el 8º Congreso Confederal no vino precedida, como era práctica habitual en CC.OO., de una propuesta hecha desde el entorno de las Secretarías de la Mujer (SM). Quizá motivado porque la SCM del anterior mandato, estuvo marcada por una crisis de continuidad, y esto, pudo condicionar que no surgiese una alternativa consensuada en ese ámbito. Fuera como fuere, lo cierto es que bastó una llamada del Secretario General de la Confederación Sindical de CC.OO., José María Fidalgo, para que me incorporara a su candidatura. Me pareció una oportunidad fantástica poder desempeñar esta responsabilidad en la dirección confederal y un gran reconocimiento a mi trayectoria sindical y feminista y a las organizaciones a las que pertenezco, la Federación de Sanidad y la Unión Sindical de Navarra, que han demostrado con generosidad su apoyo y solidaridad con la Confederación y conmigo. No lo dudé y acepté, a sabiendas de que mi incorporación no sería fácil, pero asumí mi responsabilidad con decisión, moderación, precaución, reflexión, buenos consejos y un importantísimo apoyo de las personas que considero, son las que comparten mis ilusiones y proyectos, con absoluta franqueza y sinceridad.

La receptividad por parte de la dirección confederal a las propuestas de acciones para alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres está muy asumida, porque son preceptos congresuales, de carácter formal.

Las principales medidas para la igualdad de género, en el ámbito sindical interno, que se han ido adoptando a lo largo de la historia de CC.OO. han tenido como resultado la representación proporcional a la afiliación, de mujeres y hombres, en sus órganos de dirección en el 8o Congreso Confederal. En todos los congresos de rama y territorio, la participación proporcional de las mujeres es un hecho. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que también la participación en las diferentes Secretarías sea proporcional al porcentaje de mujeres de las ejecutivas. El peso político de las mujeres en las Ejecutivas, Consejos y Comités de CC.OO. es muy bajo. Hoy todavía hay muy pocas mujeres desempeñando labores de responsabilidad en las Secretarías de Organización, Acción Sindical, Formación, Comunicación o Empleo, entre otras. Las mujeres de CC.OO. que desempeñamos responsabilidades de Secretarías en las Ejecutivas lo hacemos, mayoritariamente, en las Secretarías de la Mujer, Afiliación, Políticas Sociales o Emigración.

El diseño de las responsabilidades dentro de las Ejecutivas es cometido de las Secretarías Generales. Estas responsabilidades en su inmensa mayoría son ocupadas por varones, por lo que los equipos de dirección responden a un modelo de dominio masculino, muy alejadas todavía de la representación y participación que las mujeres tenemos en la afilia- ción, más próximo que lejano a la paridad.

No deja de preocuparme que la SCM y sus homónimas, tengamos que estar siempre y permanentemente reivindicando nuestro espacio, nuestra existencia, nuestra igualdad con otras Secretarías. Todas las personas somos elegidas por un mismo congreso y designadas por una misma Secretaría General, para el desempeño práctico de nuestras tareas, que forman parte del conjunto de la acción sindical y la organizativa.

El sistema es democrático e igualitario, sin embargo, las mujeres de CC.OO. después de tantos años de práctica democrática, tenemos que seguir vindicando nuestra presencia, debido a que para muchos compañeros nuestros seguimos siendo invisibles. La invisibilidad de las mujeres y su acción, es el factor más identitario del machismo, es también signo y señal de lo poco avanzadas que están las prácticas en la aplicación de la transversalidad de género. Queda mucho por hacer en CC.OO. para dejar de ser invisibles, a pesar de representar el 36% de la afiliación del sindicato más mayoritario de España.

En este mandato se viene consolidando un cambio, al menos una tendencia, que ya apareció en el anterior y es: el desempeño de dos o más responsabilidades a la vez, por parte de las compañeras que ya estaban desempeñando labores en las SM. Soy muy crítica con esta práctica, porque no responde a una planificación de concentración de actividades en función de su mejor desempeño o eficacia; más bien lo contrario. En todo caso, da la impresión de que se trata simplemente de la acumulación de tareas que inexplicablemente recaen sobre las mujeres.

Mi desacuerdo con estas prácticas es debido, entre otras razones, a que las considero perversas. Sin lugar a dudas desvalorizan la acción sindical en cada una de sus tareas, todas ellas muy importantes; pero sobre todo porque no dan valor a las actividades de las SM y a la necesidad de desarrollar y aplicar de manera íntegra las tareas programáticas aprobadas en nuestros congresos, para promover la igualdad de oportunidades y luchar contra la discriminación por razón de género.

Desde mi punto de vista es la peor de las estrategias, aquella que por la vía de los hechos consumados pueda llevar a la conclusión de que no son necesarias las SM. En el próximo Congreso Confederal será necesario analizar estas prácticas, que lejos de impulsar la acción sindical a favor de la igualdad de oportunidades y contra la discriminación, lo que resulta es un mal uso de nuestras capacidades, e ir en contra de impulsar medidas a favor de la igualdad por la vía de limitar el desarrollo y aplicación de nuestros objetivos. Me parece una mala práctica y una desvalorización de las SM, por lo que no podemos ignorar el impacto negativo de género que contienen.

La SCM siempre es muy observada y muy cuestionada. Esto me ayuda a reflexionar mucho sobre las decisiones que debo adoptar, yo también procuro observar con atención; sin embargo, estas situaciones no se producen cuando la responsabilidad, sea cual sea, la desempeñan los hombres. Las mujeres tenemos este plus; yo lo considero así, es una oportunidad tener que responder sistemáticamente a una observación permanente. Aunque considero que sería mejor responder a un análisis más objetivo, de cómo desarrollamos mujeres y hombres los proyectos asignados para alcanzar los objetivos propuestos, en una evaluación rigurosa y libre de estereotipos sexistas.

No es el momento de hacer el balance de este mandato, pero puedo decir que llevamos un buen ritmo en el cumplimiento del plan de trabajo, según el Plan de Acción que aprobamos en el último Congreso: incrementar la afiliación –hoy estamos más cerca de la proporcionalidad que hace tres años y seguimos creciendo–, elaborar planes de acción positiva para la incorporación de mujeres en las elecciones sindicales, formación en materia de igualdad entre mujeres y hombres, incremento y estabilidad de las SM en el conjunto de la organización y su participación en la planificación y desarrollo de la negociación colectiva y la concertación social desde la transversalidad que marca todo el Plan de Acción e impulsar decididamente la publicación de Trabajadora y su difusión.

Hemos adaptado el reglamento interno del sindicato, modificando el apartado de sanciones para combatir el acoso sexual y así impedir que los acosadores puedan evitar ser sancionados en el sindicato cuando hayan cometido esta acción de discriminación contra las mujeres.

Desde la SCM promovemos, como siempre se ha hecho, la investigación, para conocer mejor la realidad social y laboral de las mujeres, cada vez más cambiante. También participamos en los debates tanto internos como externos en torno a las diferentes situaciones a las que se enfrentan las mujeres en el mercado de trabajo y en el sindicato, situaciones en torno a la igualdad de oportunidades para el desempeño de responsabilidades en nuestra organización, la compatibilidad de la vida personal, familiar y sindical, etcétera.

Cada vez es más necesario ahondar en el conocimiento de las nuevas realidades y cambios que se producen en la sociedad con la importante integración de las mujeres al trabajo remunerado: el incremento de la población emigrante; la emergencia de empleos de servicios prácticamente desregularizados, sobre todo de cuidados a personas y de empleo en el ámbito doméstico; la persistencia del trabajo en la economía sumergida; el incremento singular en nuestro país de mujeres que ejercen la prostitución como medio de vida, en unos casos por la falta de expectativas de conseguir otros empleos mejores, en otros como resultado del tráfico de personas con fines de explotación sexual.

Sí que me gustaría, en todo caso, destacar en este ecuador de mi mandato, la participación de esta Secretaría en el Diálogo Social que ha tenido como resultado la aportación de importantes medidas que proponíamos desde CC.OO. para la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres, incorporándolas a la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres. Es importante resaltar el esfuerzo que hemos hecho para que la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género se conozcan en los centros de trabajo y se incorporaren sus medidas a los convenios colectivos.

El importante número de acciones en formación sindical para que los planes de igualdad y la acción positiva estén presentes en la negociación colectiva significa un gran esfuerzo y preocupación para la SCM. Los Encuentros de Mujeres y Hombres Sindicalistas que vienen desarrollándose en los últimos años tienen el objetivo fundamental de incorporar a nuestra práctica sindical el máximo conocimiento en materia de igualdad y no discriminación en el ámbito laboral. Con el objeto de aumentar la utilidad y la transversalidad de estos cursos, se cuenta con la participación de otras Secretarías y con los sindicalistas que habitualmente participan en la negociación de los convenios colectivos. Nos parece la estrategia más adecuada para lograr el objetivo perseguido, sin embargo, la realidad nos demuestra que la incorporación de los hombres del sindicato a este compromiso es muy deficiente. Es evidente que sin la concurrencia de los hombres de CC.OO., su acuerdo y su compromiso, no avanzaremos significativamente en la negociación de los planes de igualdad en las empresas. Esta situación, vieja conocida en nuestro sindicato, no ha desanima- do nunca a las Secretarías de la Mujer, tampoco lo hace ahora; más bien al contrario, no cejaremos en el empeño de incorporar a nuestros compañeros a la tarea común de Mujeres y Hombres Sindicalistas en alcanzar la igualdad y eliminar la discriminación por razón de sexo.

También hemos desarrollado cursos de formación para generar estímulos entre las delegadas sindicales en su labor de representantes legales de las trabajadoras y trabajadores, y además, dotarles de más conocimientos que les ayuden a incorporar a más compañeras a las elecciones sindicales. Y hemos acompañado a esta formación con una serie de medidas de acción positiva para que la incorporación de las mujeres a las candidaturas de CC.OO. tengan más garantías de ser elegidas, al ocupar los primeros puestos de las listas electorales.

En mi corto espacio de tiempo al frente de la SCM he dedicado muchísimas horas y preocupaciones a Trabajadora. He solicitado la colaboración de muchas personas, he consultado muchísimas dudas y he pedido asesoramiento para poder mejorar la revista; en todos los casos he recibido respuestas muy valiosas y siempre el ánimo y la colaboración desinteresada de muchas compañeras y algunos compañeros para continuar con la labor de publicar la revista con los índices de calidad que hoy tiene.

Trabajadora siempre me ha parecido una buena publicación de CC.OO. porque hace honor al saber teórico, de debate y de denuncia del sindicato. Trabajadora es la revista insignia de las políticas de género, tanto desde la vertiente sindical, como feminista, política o social. Por todo ello, quizá, lo que más me sorprendió cuando conocí su realización, es que prácticamente se consigue desde la gratuidad y la entrega desinteresada de muchas personas en la elaboración de artículos, investigación, entrevistas, debates, análisis de obras y estudios, propuestas de actividades y participación en infinidad de foros. Ninguna de sus secciones tiene un coste económico añadido, en su mayoría son aportaciones gratuitas, siendo su principal valor la cooperación y solidaridad con los principios de la revista, quizá sea ésta una buena imagen, de cómo las mujeres tejemos redes para hacer posible la divulgación de la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres.

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