Begoña San José Serrán

Secretaria Confederal de la Mujer de CC.OO. 1978-1981. Mandato del 1º Congreso Confederal de CC.OO.

El modelo laboral propugnado por el franquismo, establecía por el Fuero del Trabajo de 1938 el sindicato único, vertical (de empresarios y trabajadores juntos) y obligatorio y que “el Estado liberará a la mujer casada de la fábrica y el taller”. La “excedencia” forzosa por matrimonio para las mujeres se derogó legalmente en 1961, pero en 1975 aún dos de cada tres trabajadoras abandonaban definitivamente el empleo al casarse –incentivadas por la dote, que venía a ser una mensualidad de salario– y 4 de cada 5 lo hacían al tener el primer hijo. Aunque minoritaria, apareció la figura de madre trabajadora.

En el marco del desarrollismo, que precisaba aumentar el PIB y la población activa, el Ministerio de Trabajo creó en 1971 la Comisión Nacional de Trabajo Femenino que trató temas como el de la creación en 1974 de la red de Guarderías Infantiles Laborales o el Trabajo a Tiempo Parcial e influyó en la Ley de Relaciones Laborales de 1976, que eliminó la autorización del marido para el contrato laboral de la mujer casada –la Ley 42/75 había modificado los Códigos Civil y de Comercio en ese sentido– amplió los permisos para atención a los hijos y extendió al padre la excedencia para cuidado de hijos.

La Tasa de Actividad Femenina (TAF) en España en 1950 era del 15,5%, la mitad que en Europa, pero en el quinquenio 1969-1974 aumentó 6 puntos –del 23,4 al 29,5%– favorecida por el crecimiento económico y del nivel de estudios de las mujeres. Casi un millón de mujeres nos incorporamos al mercado de trabajo, que sumó 3.602.900 mujeres activas y subimos del 24 al 29% de los trabajadores.

La recesión truncó el proceso, y en los primeros años de la democracia se destruyeron 600.000 puestos de trabajo femenino, muchos de ellos en el textil-confección. La TAF de 1974 no se volvió a alcanzar hasta 1988. A la primera reacción de desánimo, siguió la resistencia de las mujeres en el empleo o la búsqueda de empleo, aunque la Tasa de Paro Femenina empezó a ser superior a la masculina en 1976, hasta duplicarla de 1988 a 2002.

1. El movimiento obrero por la democracia política

La movilización por motivos políticos, como contra el Juicio 1001 a diri- gentes de CC.OO. en 1973 o la huelga general de Euskadi en diciembre de 1974, se intensificó tras la muerte de Franco el 20N de 1975. En enero de 1976 en Madrid hubo hasta 319.000 trabajadores en huelga19: Metro, Chrysler, la Construcción, Banca, Standard, Telefónica unían la demanda de democratización del país a reivindicaciones como la actualización de los salarios frente a una inflación del 16% en 1975 y 18% en 1976. El Consejo de Ministros dictó detenciones, despidos y militarización de empresas públicas como RENFE y Correos. La unidad política en la Platajunta contra el Referéndum de 1976 sobre la reforma política facilitó la convocatoria unitaria de huelga el 12N de 1976 por la COS (Coordinadora de Organizaciones Sindicales: UGT, CC.OO. y USO) seguida por cerca de tres millones de trabajadores. En el marco de una dura huelga del transporte fueron asesinados en enero de 1977 cinco abogados laboralistas de Atocha y gravemente heridos cuatro más, días después de que la policía matara en manifestaciones estudiantiles a Arturo Ruiz y Ma Luz Nájera, en la escalada relatada por la película de J. A. Bardem Siete días de enero..

Aunque quizás las huelgas más visibles de 1976 y 1977 fueron las de empresas del transporte y del metal, mayoritariamente masculinas, también en sectores feminizados como enseñanza, banca, químicas, comercio, comunicaciones y textil hubo importantes movilizaciones. La huelga en febrero de 1977 de Induyco, talleres de El Corte Inglés en Madrid, con más de 7.000 trabajadores, el 90% mujeres muy jóvenes, aguantó un mes la dura y prologada represión patronal y policial, y evidenció que para las mujeres no sólo lo personal es político, sino lo político es personal: la huelga constituía un triple desafío a la subordinación política, de clase y de sexo, como mostraba la película americana de 1979 Norma Rae.

Bajo la común reivindicación de libertades democráticas e igualdad cooperábamos todos los movimientos sociales. Los sindicalistas asistíamos a las manifestaciones vecinales contra la subida del pan y el coste de la vida y las asociaciones de vecinos, de amas de casa y el MDM apoyaban a huelguistas y presos o presas políticos y sus familiares. Las mujeres de CC.OO. apoyamos el boicot de las amas de casa a los mercados en 1975, difundimos el Manifiesto ante el Año Internacional de la Mujer, asistimos, con más de 500 mujeres de toda España, a las I Jornadas por la Liberación de la Mujer en diciembre de 1975, recién muerto Franco y aún en la clandestinidad; a la concentración contra el delito de adulterio en 1976, a la manifestación por el derecho a la anti- concepción y el aborto en mayo de 1978, etc. Primero asistíamos a título individual; después de la constitución en 1976-77 de las Secretarías de la Mujer (SM) de CC.OO. participamos como un grupo más en la Plataforma de Organizaciones Feministas nacida en 1975.

La Ley de 1 de abril de 1977 legalizó los sindicatos, aunque en la manifestación del 1 de mayo hubo aún palos y detenciones. El 9 de abril Suárez legalizó el PCE y convocó elecciones legislativas el 15 de junio; en octubre se promulgó la Ley 46/77 de amnistía y los partidos parlamentarios firmaron los Pactos de la Moncloa, incluyendo una limitación salarial que abortaba la demanda de las huelgas del año. Era el precio de una paz social que permitiera consensuar una Constitución democrática.

2. Las mujeres en la Constitución de 1978, el Estatuto de los Trabajadores de 1980 y la Ley Básica de Empleo

“La mujer, víctima del consenso” decía el cartel de varias organizaciones feministas opuestas a la Constitución. La SM de CC.OO., el Departamento de la Mujer de UGT y otras organizaciones de mujeres defendimos el sí a la Constitución en el Referéndum de diciembre. Los artículos aprobados en el sentido más igualitario del debate parlamentario fueron el 9.2 (acción positiva), 14 (igualdad), 15 (posible legalización del aborto) y 24 (divorcio). El 35.1 sobre Derecho al trabajo sin discriminación por sexo y el 39, que incluye la investigación de la paternidad, pero no la planificación familiar y el aborto quedaron intermedios y es discriminatorio el 57.1 sobre preferencia del varón a la mujer en la sucesión a la Corona, aprobado por escasa mayoría. Antes, en octubre de 1978, se aprobó la legalización de los anticonceptivos propuesta por Carlota Bustelo del PSOE y Mª Dolors Calvet del PSUC.

En el verano de 1977 el Gobierno de UCD creó la Subdirección General de la Condición Femenina, que en septiembre de 1978 convocó las Jornadas de la Condición Femenina, uno de cuyos debates fue si democratizar o eliminar la Comisión Nacional de Trabajo Femenino, optando por lo segundo, aunque para el cumplimiento del Programa de Acción 1980-1985 de la II Conferencia Mundial de la Mujer creó una Comisión de Seguimiento, en que participamos.

El debate del Estatuto de los Trabajadores fue más largo (jun.79 a mar.80) y menos consensuado que el de la Constitución, con intensa actividad, no siempre unitaria, de diputados sindicalistas como Marcelino Camacho, Nicolás Redondo, Cipriano García, Joaquín Almunia y Elena Vázquez. Mujeres de CC.OO., UGT, USO, SU y CSUT acordamos nuestras demandas, apoyadas por la Plataforma de Organizaciones Feministas y la Subdirectora de la Condición Femenina del Ministerio de Cultura, Mar Vanaclocha, que presentamos a los Grupos parlamentarios y en un acto público con dos mil asistentes en Vallecas. Nuestras demandas afectaban a los artículos 1.2 (inclusión del servicio doméstico), 12 (no al con- trato a tiempo parcial), 17 (nulidad de actos discriminatorios), 24 (acción positiva), 28 (igual calificación y salario), 34 (40 horas semanales), 37 (salario individual, no familiar), 46.3 (derecho al reingreso tras la excedencia de maternidad/paternidad26), 45 y 48 (baja por maternidad) y 52 (permisos parentales). Parte se consiguieron, o entonces, o en posteriores convenios, directivas europeas y reformas del ET. Ante la Ley Básica de Empleo de octubre de 1980 nuestra demanda era el derecho individual, no familiar, a la protección por desempleo, y que el requisito de “cargas familiares” para el subsidio no contributivo no se asignara al varón y sólo excepcionalmente –por discapacidad del marido– a la mujer, sino a ambos por igual. No conseguimos que se aceptara ni siquiera en el interior del sindicato, ni en las Jornadas de Empleo de 1980, en que recuerdo la intervención de Nuria Espí, SM del País Valenciano, ni en el 2º Congreso Confederal de CC.OO.

La Constitución y el Estatuto de los Trabajadores declararon nula la dote de la trabajadora por despedirse al casarse, frenaron algo la discriminación de las mujeres en los despidos colectivos, posibilitaron el reingreso de afectadas por la excedencia forzosa por matrimonio en la banca, RENFE, Telefónica (que se resistió mucho) y otras grandes empresas y entreabrieron el acceso a categorías y profesiones antes prohibidas, como maquinistas de tren, mineras y altos cuerpos de la Administración.

3. Construyendo un modelo sindical para la democracia y la igualdad. La creación de las Secretarías de la Mujer de CC.OO.

Tras el tolerado XXX Congreso de UGT en abril de 1976, el 11 de julio CC.OO. celebramos clandestinamente la Asamblea de Barcelona, decidiendo salir a la luz para forzar la legalización y encajar la afirmación de UGT de pluralidad sindical y organizarnos como sindicato, no como el movimiento sociopolítico de la etapa anterior. Allí tomaron la palabra Nuria Casals, del Metal de Cataluña, y Carmen Fraile del Textil de Madrid, defendiendo la organización y reivindicaciones específicas de las mujeres en el sindicato.

Había tres posturas respecto a cómo organizar la defensa de la igualdad de las mujeres en CC.OO.: no tener ningún órgano especial, delegar el feminismo al MDM (que convocó las I Jornadas de la Mujer Trabajadora en febrero de 1977) o crear órganos específicos (la Secretaría, unipersonal, y las Comisiones de la Mujer, donde elaborábamos las propuestas) que aunaran autonomía e incidencia en el conjunto del sindicato. Dentro de esta última, las sindicalistas vinculadas al MCE y la LCR enfatizaban la autonomía feminista, mientras las vinculadas al PCE defendíamos que las SM fuéramos elegidas igual que el resto de miembros de la Comisión Ejecutiva o Secretariado para incidir más en el conjunto del sindicato. Las SM de CC.OO. se crearon en 1976 en Madrid, Cataluña, País Valenciano, País Vasco, etc., y en septiembre de 1977 a nivel estatal o confederal. La primera reunión de la Comisión Confederal de la Mujer de CC.OO. fue en la hoy sede del Ministerio de Sanidad, entonces aún del sindicato vertical. Asistimos Nuria Casals y Aurora Gómez de Cataluña, Amparo Llop y Nuria Espí de Valencia, Salce Elvira y Alicia de Diego de Madrid, Nieves Díaz de Argote de Euskadi y otras compañeras, y elaboramos el programa Mujeres ante las elecciones sindicales de 1978. Un 11,3% de los comités y delegados elegidos fueron mujeres, –éramos el 27% de los asalariados– mientras en las elecciones del sindicato vertical de 1971 la proporción de mujeres había sido del 7%.

El primer Plan de Trabajo que presentamos al Secretariado Confederal proponía que la SM fuera un puente entre el movimiento sindical y el movimiento feminista. Las I Jornadas de la SM fueron, ante el Estatuto de los Trabajadores, sobre Proteccionismo y discriminación de las mujeres en la legislación laboral. Ante el 1º Congreso Confederal de CC.OO. en 1978 la SM estaba constituida a nivel estatal y en 11 de las 17 comunidades autónomas (entonces no las llamábamos así) y propusimos incluir en los Estatutos de CC.OO. las SM en las Comisiones Ejecutivas del sindicato a todos los niveles territoriales y de rama e incluir en el Programa de CC.OO. la legalización de los anticonceptivos y del aborto. Ambas fueron aprobadas por el Congreso, aunque una minoría las rebatió por ajenas a las “mujeres sencillas” e impropias de un sindicato.

En enero de 1981 la SM sacamos por primera vez el Boletín Trabajadora. Con el titular defiende tu puesto de trabajo, lucha contra la discriminación, difundía el aumento al 15,4% de las delegadas en las elecciones sindicales de 1980, las conclusiones de las II Jornadas. La mujer, un paro silencioso, luchas de trabajadoras y de esposas de trabajadores y reivindicaciones ante la negociación de convenios: derecho al reingreso tras la excedencia por maternidad o paternidad; reingreso de las excedentes forzosas por matrimonio y su cómputo (como hacía la Ley de Amnistía con el tiempo de cárcel) como cotizada a la Seguridad Social; regulación laboral del servicio doméstico, reducción de la contratación precaria y a tiempo parcial y mejoras en los permisos de atención a los hijos. También el Plan de Acción de la II Conferencia Mundial de la Mujer, Copenhague 1980, y la campaña de la Plataforma Feminista por la Ley de divorcio.

Ante el 2º Congreso Confederal de CC.OO. (Barcelona, 1981) presentamos un apretado balance de la actividad de la Secretaría en organización, que ya se extendía no sólo a 21 provincias, sino a las de las Federaciones del Textil y Pensionistas y grandes empresas como RENFE, Telefónica e Iberia, presentando reivindicaciones específicas en convenios, regulaciones de empleo y el I Plan de empleo femenino del gobierno; la demanda de regulación laboral del servicio doméstico y la participación en las Jornadas Feministas de Granada de 1979 y los juicios por aborto de Bilbao y Sevilla. Al 2º Congreso Confederal proponíamos la igualdad de mujeres y hombres en la protección por desempleo, lo que quedó en minoría, aunque ganamos el mantenimiento de las SM ante la propuesta de la Secretaría de Organización, Euskadi y Asturias de quitar su obligatoriedad o excluirlas del Secretariado y también aumentar la participación de mujeres en los órganos de dirección del sindicato, que había bajado al 15%.

El Secretariado de la Coordinadora General de CC.OO. elegido en la Asamblea de Barcelona 1976 tenía 24 hombres y ninguna mujer. Yo trabajaba en Glasurit-BASF33 y era SM de la Unión de Madrid y del Sindicato provincial de Químicas cuando el Secretariado Confederal me cooptó en septiembre de 1977 como Secretaria Confederal de la Mujer (SCM). En el 1o Congreso (Madrid 1978) se eligió una Ejecutiva formada por 40 hombres y 3 mujeres, Pilar Arroyo de Administración Pública, Nuria Casals de la CONC y yo. Con la incorporación de la Corriente Socialista autogestionaria escindida de USO se sumó Ma Paz Pardo de Enseñanza.

Treinta años después, el puente entre el movimiento sindical y el movimiento feminista sigue siendo necesario, porque aunque el empleo es hoy la opción vital del 80% de las mujeres de menos de 40 años, subsiste la discriminación y no ha habido un paralelo reparto familiar y ocial del trabajo doméstico, del cuidado de la infancia y de los mayores dependientes, porque aunque la paridad entre hombres y mujeres ha avanzado en la política y la educación, renquea en la economía, en la empresa, porque inmigrantes, precarias y otros colectivos de mujeres sufren una doble discriminación.

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