Feminismo-Sindicalismo

En su recorrido por la relación histórica, llena de matrimonios infelices y divorcios irreconciliables, entre marxismo y feminismo, Cinzia Arruzza nos propone reflexionar sobre la necesidad de integrar a ambos en cualquier proceso verdaderamente revolucionario. Su lectura crítica de las tensiones entre las dos tradiciones responde a una apuesta por aprender de ellas con el objetivo de incorporarlas en nuestra visión del mundo, en nuestro trabajo cotidiano y en nuestra lucha contra el patriarcado y el capitalismo.

Matrimonios y divorcios

“Durante casi dos siglos el movimiento feminista y el movimiento obrero se han encontrado en luchas, han trabajado juntos, han desconfiado el uno del otro, han vuelto a coincidir, a separarse, a redescubrirse, a renegar y a observarse desde la distancia. Y así sucesivamente. Hasta aquí. Hasta ahora”

Esta historia de matrimonios y divorcios entre feminismo y el movimiento obrero de inspiración marxista lo analiza e interpreta Cinzia Arruzza en su libro “Las sin parte”. Estos son algunos de los episodios que recoge.

En 1837 la francoperuana Flora Tristán publica Peregrinaciones de una paria, y comienza a destacar como defensora de los derechos y libertades de las mestizas, de la clase obrera y de la mujer. En 1843 defiende en su obra Unión obrera la necesidad de integrar las reivindicaciones de obreros y mujeres e intenta unir voluntades para la creación de una internacional de las obreras y obreros de todo el mundo.

En 1871 se proclama por escasos meses la Comuna de París. En ella se crea la Unión de las mujeres para la defensa de París, con protagonismo de las mujeres de la Primera Internacional, como Elizabeth Dmitrieff, que promocionó el trabajo de las mujeres, inició la constitución de una oficina con mano de obra exclusivamente femenina, lanzó la idea de una organización sindical de mujeres y su participación activa en la vida política.

August Bebel, líder socialista alemán, publica en 1978 La mujer y el socialismo, texto con enorme repercusión entre las mujeres de partido socialdemócrata y el sindicato afín.

En Buenos Aires se edita en 1896 La voz de la mujer, periódico feminista de tono anarquista. En torno a él las anarquistas argentinas y en paralelo las chilenas expanden sus ideas. Entre 1903 y 1906 se crea en Chile la Federación cosmopolita de Obreras en Resistencia. Y en Buenos Aires, el Congreso Internacional de Libre Pensamiento.

En 1907 se celebra la Primera Conferencia Internacional de las mujeres socialistas, con 60 delegadas procedentes de 16 países. Clara Zetkin, una de sus organizadoras y militante del partido socialdemócrata alemán, dirige la revista Igualdad, promueve un movimiento socialista femenino y logra que la Segunda Internacional luche por el voto de las mujeres. Zetkin se opone radicalmente a la confluencia de las trabajadoras con las feministas burguesas que solo pretenden alcanzar derechos políticos sin cuestionar la explotación capitalista.

Aleksandra Kollontai, socialista, organiza el primer Círculo de Obreras en Rusia. En 1908 publica La base social de la cuestión femenina.

El 8 de marzo de 1908, más de cien trabajadoras de la fábrica Cotton de Nueva York mueren haciendo huelga por la igualdad salarial en un incendio parece que provocado por el dueño. En 1910 la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas acuerda movilizaciones por el voto de las mujeres y por impulso de Luise Zietz y Clara Zetkin se estableció el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

También en 1910 se celebra el I Congreso Femenino Internacional, en Buenos Aires, con delegadas de todos los países americanos, Europa y Asia. En Brasil, el Partido Femenino Republicano proclama la emancipación de la mujer.

Ante la Guerra Mundial, en 1914 se produce una trágica división del feminismo. Emmeline Pankhurst y su hija Christabel aparcan sus reivindicaciones sufragistas para apoyar a su Gobierno contra Alemania. El Gobierno británico amnistió a las sufragistas presas. Sin embargo, Sylvia y Adela Pankhurts, cercanas al socialismo y pacifistas, se opusieron a la guerra.

En 1917 las obreras de Petrogrado se echaron a la calle espontáneamente el 23 de febrero (8 de marzo), con ocasión del «Día Internacional de la Mujer», tras haber convencido a sus compañeros a unirse a la huelga.

En Rusia, con el respaldo de Lenin y Inesa Armand, Aleksandra Kollontai legalizó en 1920 el aborto (por 1ª vez en el mundo), el divorcio, permiso de 16 semanas de maternidad, organizó guarderías y promovió la alfabetización de las mujeres. La condición de la mujer en la Rusia zarista era similar a la de una esclava. La Revolución hizo de ella una ciudadana.

Con la llegada al poder de Stalin, una serie de disposiciones dio lugar a una sistemática demolición de todo lo que la Revolución había conseguido en los primeros años, aun con todos sus límites y con las resistencias de sus dirigentes varones. En 1929 se disolvió el Departamento de la Mujer (Zenotdel) con el pretexto de que ya no tenía razón de ser un movimiento independiente de mujeres. Hacia los años treinta el discurso sobre la familia cambió completamente: de lugar de perpetuación de las supersticiones, los prejuicios, la opresión de la mujer, destinado a extinguirse progresivamente en la nueva sociedad, se convirtió nuevamente en objeto de una valorización paternalista.

Entre 1922 y 1924, en Chile, las anarquistas de la Unión Femenina luchan contra el alza de los alquileres; y en Bolivia la anarquista Domitila Pareja, junto con otros activistas, promueve la sindicalización de los campesinos e indígenas. En Perú, Zoila Aurora Cáceres crea Feminismo Peruano, y en Ecuador, Matilde, feminista, primera doctora en Medicina.

En 1931 se proclama la Segunda República en España. En las Cortes Constituyentes solo hay tres diputadas mujeres: Clara Campoamor del Partido Radical, Victoria Kent por el Partido Radical Socialista y Margarita Nelken del PSOE. Clara Campoamor consigue que se establezca en la Constitución el derecho al voto para las mujeres. Ley de divorcio se aprueba en 1932, así como el Seguro de Maternidad para las asalariadas.

En plena Guerra Civil en España, el médico anarquista Félix Martí Ibáñez, legaliza en diciembre de 1936 por primera vez el aborto en Cataluña, por cuatro causas: incesto, razones terapéuticas, razones éticas y la voluntad consciente. Federica Montseny, ministra de Sanidad con el Gobierno de Largo Caballero, intenta extender sin éxito el decreto catalán. Mujeres Libres se convirtió en 1938 en una liga de 30.000 mujeres, en su mayoría obreras, con casi 150 grupos esparcidos por toda España. Trabajaron por el acceso al trabajo, la alfabetización… En los primeros meses de la guerra, las milicianas demuestran gran coraje y valor en el campo de batalla. Después son relegadas a trabajos en la retaguardia. En 1939 es derrotada la República en España; la dictadura de Franco suprime todas las conquistas sociales, somete a las mujeres al varón y anula los divorcios realizados.

En China, la victoria de los comunistas abrió una etapa de reformas con el fin de cambiar radicalmente las condiciones de vida de las mujeres y su papel en la sociedad. Ya durante la guerra civil, en las zonas liberadas, surgieron numerosas organizaciones de mujeres y, diez meses antes de la proclamación de la República Popular, el Comité preparatorio de la Federación Panchina de Mujeres convocó un congreso nacional con el fin de racionalizar y unificar el trabajo que las diversas organizaciones de mujeres desarrollaron en las distintas zonas del país. El artículo 6 de la Constitución de septiembre de 1949 declaraba: «La República Popular China abole el sistema feudal que mantiene a la mujer esclavizada. Las mujeres tendrán los mismos derechos que los hombres en el ámbito político, económico, cultural y en el ámbito de las instituciones y de la vida social. La libertad de matrimonio está garantizada por ley a los hombres y a las mujeres».

La involución que tuvo lugar en la Unión Soviética influyó de un modo determinante en los partidos comunistas adheridos a la Tercera Internacional. En 1949 se publicó en Francia El segundo sexo de Simone de Beauvoir, al coro de indignación que gritó escandalizado por todo el país se le añadió también la voz de Jean Kanapa, intelectual del Partido Comunista Francés, quien definió el libro como «una inmundicia repulsiva».

El Partido Comunista Italiano llegó a extremos todavía más grotescos que el PCF. Justo después de la Segunda Guerra Mundial, en la fase constituyente de la nueva República, Togliatti y los demás dirigentes se alinearon claramente contra la hipótesis de introducir el divorcio en Italia, sosteniendo que el país no estaba maduro para «legislaciones tan avanzadas».

La tercera ola feminista, en torno a las revueltas estudiantiles de los años 60, de donde surge además la llamada nueva izquierda, fue también el momento del divorcio entre feminismo y movimiento obrero. La difusión, la fuerza y la radicalidad de las luchas de las mujeres y de su elaboración teórica no habría sido imaginable sin el contexto favorable creado por el 68 y los movimientos posteriores. En estos movimientos por los derechos cívicos y contra la Guerra de Vietnam, a las mujeres se les atribuían funciones administrativas u organizativas, que no tenían nada que ver con sus competencias, sino con la división sexual de los roles.

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ARRUZZA, Cinzia: Las sin parte. Matrimonios y divorcios entre feminismo y marxismo. Gertdelpozo, 2010. Conseguir libro.

Para completar el marco teórico e histórico:

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Este manifiesto está detrás de las últimas convocatorias de Paro Feminista. Este manifiesto tiene un propósito: llevar a cabo una operación de rescate y corrección de rumbo para orientar las luchas feministas hacia el resto de la población, y proponer con ella una reorganización total de la sociedad

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Un recorrido por la relación entre feminismo y movimiento obrero en el Franquismo y la Transición. “Mujeres, trabajo asalariado, sindicalismo y feminismo del Franquismo a la Transición democrática”, de Vicenta Verdugo.

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